El presente calla a la voz chingaquedito
Publicado el 22 enero, 2026 por
Antonio David Martínez Vessi
Con los años he aprendido a reconocer una voz muy particular. No grita, no insulta, no empuja de golpe. Habla bajito, casi con cuidado. Es la que dice “mañana”, “no pasa nada”, “luego ves eso”, “te lo mereces aunque no lo necesites”. Yo le llamo la voz chingaquedito. No porque sea grosera, sino porque va minando de poco en poco lo que sí nos hace bien. No te arruina la vida en un día; lo hace en pequeñas concesiones constantes.
Esa voz suele aparecer cuando estamos cansados, distraídos o desconectados del presente. Nos convence de no salir a correr hoy, de no ahorrar este mes, de gastar por impulso, de postergar una conversación incómoda. Viktor Frankl diría que ahí se juega nuestra libertad interior: en esos espacios donde creemos que “no pasa nada”, pero en realidad estamos renunciando, sin notarlo, a elegir con sentido. Wayne Dyer también advertía que muchas decisiones no se toman desde la conciencia, sino desde hábitos mentales que nadie cuestiona.
Lo curioso es que esa voz pierde fuerza cuando estamos presentes. Cuando estamos aquí, de verdad aquí, se queda sin argumentos. Eckhart Tolle insiste en que el presente es el único lugar donde podemos decidir; fuera de él, todo es ruido mental. La voz chingaquedito vive del futuro imaginado y del cansancio acumulado. El presente, en cambio, nos devuelve claridad. No nos obliga, pero nos muestra con honestidad qué nos suma y qué nos resta.
“El presente calla a la voz chingaquedito” no significa vivir en rigidez ni exigirnos perfección. Significa pausar, observar y elegir con un poco más de conciencia. Cuando estamos presentes, no necesitamos pelearnos con esa voz; simplemente deja de mandar. Y en ese silencio, empiezan a aparecer decisiones pequeñas, pero más alineadas: salir a caminar, decir que no, guardar un poco, descansar de verdad. No es un cambio radical, es un regreso a nosotros mismos.
Reflexión en preguntas
- ¿En qué momentos reconoces más a esa voz que te convence de postergar lo que sabes que te hace bien?
- ¿Qué decisiones pequeñas has ido cediendo “sin darte cuenta”?
- ¿Cómo cambiaría tu día si eligieras desde el presente y no desde el cansancio?
Desde lo aprendido
- La voz que sabotea rara vez grita; suele susurrar.
- Estar presentes debilita los hábitos que nos restan.
- No todo impulso merece ser obedecido.
- El presente no juzga, pero sí aclara.
- Elegir con conciencia es un acto cotidiano, no heroico.
Lecturas recomendadas
- Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
- Eckhart Tolle – El poder del ahora
- Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
- Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
Conclusión
La voz chingaquedito no desaparece porque la enfrentemos, sino porque dejamos de vivir en automático. El presente la calla porque nos devuelve al único lugar donde podemos elegir con honestidad. No se trata de hacerlo todo bien, sino de estar lo suficientemente despiertos para notar cuándo estamos cediendo terreno a lo que no nos conviene. Ahí, en ese instante consciente, empieza un cambio silencioso pero profundo.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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