¿Qué has normalizado, que ya hasta lo dejaste de agradecer?
Publicado el 8 agosto, 2026 por
Antonio David Martínez Vessi
Hay cosas que deseamos durante mucho tiempo y que, cuando finalmente llegan, nos llenan de alegría. Conseguir un trabajo, tener un hogar, recuperar la tranquilidad, compartir la vida con alguien, mejorar nuestra situación económica o simplemente despertar sintiéndonos bien. Sin embargo, el ser humano tiene una extraordinaria capacidad para acostumbrarse incluso a aquello que alguna vez consideró un regalo.
Lo cotidiano comienza a parecernos garantizado. Dejamos de sorprendernos por tener comida sobre la mesa, agua disponible, personas que nos quieren, un lugar donde descansar o la posibilidad de comenzar un nuevo día. No necesariamente porque seamos desagradecidos, sino porque la repetición puede volver invisible aquello que permanece.
A veces basta con perder temporalmente algo para recordar cuánto significaba. Una enfermedad nos hace valorar la salud. La distancia nos recuerda el valor de una compañía. Una dificultad económica cambia nuestra percepción sobre la estabilidad. El silencio de alguien puede hacernos extrañar aquellas conversaciones que antes parecían rutinarias.
Pero no deberíamos necesitar perder algo para reconocer su valor. La gratitud también consiste en mirar nuevamente aquello que vemos todos los días y comprender que su presencia no le resta importancia. Lo habitual también puede ser extraordinario cuando recordamos que nada está completamente garantizado.
Quizá hoy no necesitemos conseguir algo nuevo para sentirnos afortunados. Tal vez solo necesitemos detenernos unos minutos y volver a mirar todo aquello que ya forma parte de nuestra vida.
Reflexión en preguntas
- ¿Qué tengo hoy que alguna vez deseé profundamente?
- ¿A qué persona he dejado de agradecer simplemente porque siempre está ahí?
- ¿Qué aspecto cotidiano de mi vida extrañaría inmediatamente si mañana desapareciera?
Desde lo aprendido
- La costumbre puede hacernos olvidar el valor de lo que tenemos.
- Agradecer no requiere esperar a perder algo.
- Lo cotidiano también puede ser extraordinario.
- Reconocer nuestra fortuna cambia la manera en que experimentamos el presente.
Conclusión
¿Qué has normalizado, que ya hasta lo dejaste de agradecer? Tal vez muchas de las cosas que hoy consideramos normales fueron alguna vez aquello que deseábamos conseguir. Antes de buscar lo siguiente, vale la pena mirar nuevamente lo que ya tenemos. La gratitud comienza cuando dejamos de confundir lo cotidiano con lo garantizado.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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