antonio david martinez vessi

Lo malo de las prisas es que no dejan tiempo para apreciar, sentir y disfrutar

Publicado el 11 septiembre, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Vivimos rápido.

Comemos rápido, respondemos rápido, caminamos rápido, trabajamos rápido y, muchas veces, hasta descansamos con prisa. Todo parece pedirnos velocidad: contestar antes, llegar antes, terminar antes, producir más y detenernos menos.

El problema es que cuando vivimos demasiado deprisa, podemos empezar a pasar por encima de nuestra propia vida.

Apreciar requiere atención. Sentir necesita espacio. Disfrutar necesita presencia.

Una conversación puede estar ocurriendo frente a nosotros y, aun así, nuestra mente ya estar pensando en lo siguiente. Podemos comer algo que nos gusta sin saborearlo realmente, caminar por un lugar hermoso sin levantar la mirada o convivir con alguien querido mientras revisamos pendientes en la cabeza.

La prisa tiene una característica engañosa: nos hace sentir que estamos aprovechando el tiempo, aunque a veces suceda exactamente lo contrario.

Porque no siempre aprovechar significa hacer más cosas. También puede significar vivir mejor aquello que ya estamos haciendo.

Hay momentos que no necesitan velocidad. Una comida en familia, una conversación importante, una despedida, una caminata, una tarde tranquila o incluso unos minutos de silencio pueden perder gran parte de su valor cuando los tratamos como otro pendiente más.

Eso no significa vivir lentamente todo el tiempo. Hay días que exigen rapidez y situaciones donde actuar pronto es necesario. El problema aparece cuando la urgencia deja de ser una excepción y se convierte en nuestra manera habitual de vivir.

Entonces empezamos a llegar a muchos lugares sin haber estado realmente en ninguno.

Reflexión en preguntas

  • ¿Cuántas cosas hago todos los días sin prestarles verdadera atención?
  • ¿Estoy disfrutando lo que conseguí o ya estoy pensando en lo siguiente?
  • ¿Qué momentos importantes estoy atravesando demasiado rápido?
  • ¿Cuándo fue la última vez que hice algo sin mirar el reloj?
  • ¿Qué parte de mi vida necesita menos prisa y más presencia?

Desde lo aprendido

  • Apreciar requiere detener la atención.
  • Sentir necesita espacio y tiempo.
  • Disfrutar no siempre depende de tener más, sino de estar presente.
  • Hacer muchas cosas no garantiza vivirlas realmente.
  • La velocidad puede ser útil, pero no debería convertirse en una forma permanente de vivir.
  • Algunos momentos pierden su valor cuando intentamos apresurarlos.



Lo malo de las prisas es que no dejan tiempo para apreciar, sentir y disfrutar.

No todo necesita resolverse ahora. No todas las conversaciones deben terminar rápido. No todos los momentos tienen que convertirse en productividad.

Hay cosas que solamente pueden entenderse cuando bajamos un poco la velocidad.

Mira. Escucha. Saborea. Quédate unos minutos más.

Porque algunas de las mejores partes de la vida no pasan demasiado rápido; somos nosotros quienes, por ir deprisa, pasamos demasiado rápido por ellas.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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