Que tanto eres TÚ ante los demás
Publicado el 14 octubre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
A veces nos miramos solo con los ojos de afuera: likes, opiniones, comparaciones. Y ahí se diluye lo propio. Valorar(nos) no es inflar el ego; es reconocer con honestidad lo que sí somos y podemos aportar. Cuando lo recordamos, aparecen metas que nacen de dentro y relaciones más claras: servimos mejor porque no estamos pidiendo que el mundo nos defina.
Wayne Dyer advierte que vivir buscando aprobación nos aleja de nuestro centro; volvemos una carrera externa lo que en realidad es un trabajo interior. Daniel Goleman añade que la autoestima sana se sostiene en autorregulación: notamos la comparación, respiramos y volvemos al enfoque. Compararnos puede ser útil si nos inspira a aprender —no si nos empequeñece o nos vuelve arrogantes. Miramos lo ajeno para tomar ideas, no para medir nuestro valor.
Stephen Covey sugiere movernos al círculo de la influencia: convertir lo que sí depende de nosotros en hábitos y acuerdos concretos. Y Don Miguel Ruiz recuerda la impecabilidad con la palabra: hablar con verdad —también con nosotros— para que el potencial sirva, no solo brille. Cuando nos elegimos sin pisar a nadie, nuestro talento se vuelve herramienta para facilitarle la vida a otros.
Lo que quiero decir con la frase es esto: pregúntate cuánto de ti —tus valores, tu criterio, tu forma de servir— está presente cuando estás con los demás. Si estás solo reaccionando a expectativas ajenas, regresa a tus metas y a tu modo de aportar. No se trata de ser más que nadie, sino de ser tú con claridad y ponerlo al servicio.
Reflexión en preguntas
— ¿En qué situaciones me pierdo buscando aprobación y qué valor propio quiero traer de vuelta?
— ¿Qué comparación reciente puedo convertir en aprendizaje concreto sin perder mi autoestima?
— ¿Cómo puede mi talento facilitarle hoy algo a una persona específica?
Desde lo aprendido
• Escribamos en una línea nuestro “para qué” personal y una meta pequeña asociada para esta semana.
• Convirtamos una comparación en plan: “quiero aprender X, dedicaré 20–40 min el lunes y mediré Y”.
• Practiquemos la impecabilidad con la palabra hacia dentro: hablarnos con verdad y respeto.
• Elijamos una acción de servicio sencilla (resolver, enseñar, acompañar) que use nuestro punto fuerte.
• Al final del día, registremos dos hechos: uno de avance propio y uno de ayuda ofrecida.
Lecturas recomendadas
• Tus Zonas Erróneas — Wayne Dyer
• La Inteligencia Emocional — Daniel Goleman
• Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva — Stephen R. Covey
• Los Cuatro Acuerdos — Don Miguel Ruiz
Conclusión
Valorar(nos) no es competir: es ubicarnos. Cuando elegimos ser nosotros con claridad, las metas se ordenan y el potencial encuentra cauce en el servicio. Así, ante los demás, no somos ruido ni disfraz: somos presencia que facilita y construye.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
Ver todos los artículos de AD Mettā →