Antonio David Martinez Vessi

Entre el estímulo y la reacción hay un espacio que define el resultado

Publicado el 21 octubre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

Ese espacio diminuto entre lo que pasa y lo que hacemos suele decidirlo todo. Ahí cabe una respiración, una pregunta, un cambio de tono. Cuando lo ocupamos, dejamos de reaccionar por impulso y empezamos a responder con intención. No es alargar la vida en pausas eternas; es recuperar el volante para elegir mejor.

Viktor Frankl habló de esa libertad interior: por difícil que sea el estímulo, siempre hay un margen donde podemos decidir la actitud y el sentido de nuestra respuesta. Daniel Goleman lo traduce a la práctica con la autorregulación: nombrar lo que sentimos baja la intensidad y habilita opciones. Stephen Covey lo vuelve hábito con el lenguaje proactivo: pasar de “no puedo” a “elijo”, de culpar al entorno a movernos en nuestro círculo de influencia. Y Eckhart Tolle recuerda que esa pausa es presencia: volver al ahora antes de actuar.

En lo cotidiano, ese espacio se ve así: antes de responder un mensaje áspero, respiramos y pedimos contexto; en el tráfico, en lugar de sumar ruido, ajustamos el plan; ante una crítica, distinguimos hecho de interpretación y buscamos aprender. La pausa no nos hace pasivos; nos hace precisos.

A lo que voy es: protege ese pequeño espacio y úsalo bien. Cuando algo te active, respira, nombra la emoción y elige la acción que sostenga lo importante. Menos impulso, más claridad. Ese segundo de conciencia suele cambiar el resultado entero.

Reflexión en preguntas


— ¿En qué situación reciente reaccioné en automático y qué habría pasado si tomaba dos respiraciones?
— ¿Qué emoción necesito nombrar (enojo, miedo, prisa) para elegir mejor mi siguiente paso?
— ¿Qué versión más generosa y precisa puedo intentar hoy antes de responder?

Desde lo aprendido


• Practicar la micro-pausa 3–2–1: tres respiraciones, dos palabras para la emoción, una decisión mínima.
• Parafrasear antes de responder: “Entiendo que pides X para Y; ¿es correcto?”.
• Cambiar lenguaje: de “tengo que” a “elijo” o “no elijo”, y asumir consecuencias.
• Definir por adelantado mi “respuesta estándar” ante detonantes comunes (correo duro, retrasos, presión).
• Cerrar el día con un registro breve: un impulso que convertí en respuesta y qué resultado logró.

Lecturas recomendadas


• El hombre en busca de sentido — Viktor Frankl
• La Inteligencia Emocional — Daniel Goleman
• Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva — Stephen R. Covey
• El Poder del Ahora — Eckhart Tolle

Conclusión


Entre lo que sucede y lo que hacemos vive nuestra libertad. Si cuidamos ese espacio y lo llenamos de presencia, el resultado deja de ser accidente y se vuelve elección. Ahí se construye la paz práctica de cada día.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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