Lo que realmente es tuyo está bajo tu piel
Publicado el 16 noviembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
Cuando escuchamos que nada de lo externo nos pertenece, a veces pensamos solo en cosas materiales: la casa, el auto, la ropa. Pero si miramos con más cuidado, también los roles, los logros, los títulos y hasta la opinión de los demás son “préstamos” del mundo, no propiedad permanente. Lo único que realmente va con nosotros a cada paso es lo que está bajo la piel: el cuerpo que habitamos, la mente con la que interpretamos la vida, las emociones que aprendemos a sentir y a sostener. Wayne Dyer hablaba de la trampa de identificarnos con lo que tenemos o hacemos; cuando eso se cae, sentimos que nos caemos con ello. Volver al cuerpo y a la mente como hogar es una forma de suavizar esa caída.
Bajo la piel no solo hay órganos, hay historia: los miedos que aprendimos, los afectos que nos sostuvieron, las heridas que no hemos terminado de mirar. Daniel Goleman, al hablar de inteligencia emocional, nos recuerda que cuidar lo que sentimos es también una forma de cuidar el cuerpo, porque el estrés crónico, la culpa o la autoexigencia se terminan reflejando en tensión, insomnio, malestares que parecen “solo físicos”. Un cuerpo sano y una mente sana no significan perfección, sino ir quitando peso innecesario: culpas heredadas, comparaciones, exigencias que ya no tienen sentido. Es hacer más ligero el interior para que la piel no tenga que cargar con todo.
Eckhart Tolle plantea que el presente es el único lugar donde realmente vivimos. Bajo la piel están la respiración que ocurre ahora, el latido que ocurre ahora, el pensamiento que aparece ahora. Lo externo puede cambiar de un día a otro; hoy estamos en un lugar, con ciertas personas, con ciertos proyectos, y mañana tal vez no. Lo interno, en cambio, es el terreno donde sí podemos aprender a estar de otra manera: con más suavidad, con más respeto, con más conciencia de que este cuerpo no es un objeto de rendimiento, sino la casa donde la vida nos toca. Cuidar lo que está bajo la piel no es egoísmo; es asumir que si ese espacio se quiebra, todo lo demás pierde sentido.
Cuando aceptamos que lo de afuera no es realmente nuestro, se afloja un poco la obsesión por controlar cada detalle y aparece algo más sencillo: responsabilidad por lo que sí podemos atender. Cómo dormimos, qué comemos, qué pensamientos dejamos que se repitan, cómo nos hablamos por dentro. No vamos a llevarnos nada de lo externo, pero la huella que deja en nosotros cada experiencia sí puede transformarse en comprensión, en paz, en una relación más amable con nuestro propio cuerpo. Y tal vez ahí, justo ahí, está la verdadera riqueza: en llegar al final con el interior un poco más ligero que cuando empezamos.
Reflexión en preguntas
- ¿Qué tanto de tu valor personal hoy está apoyado en cosas externas que podrías perder de un momento a otro?
- ¿De qué maneras recientes tu cuerpo te ha intentado “hablar” (cansancio, dolores, insomnio) y qué crees que está queriendo decir tu interior?
- Si miras tu día a día, ¿qué pequeñas decisiones muestran que estás cuidando lo que está bajo tu piel y cuáles muestran lo contrario?
Desde lo aprendido
- Podemos ver el cuerpo menos como una máquina de rendimiento y más como la casa donde vive todo lo que somos.
- Reconocer que nada externo es permanente ayuda a aflojar la ansiedad por controlar y a dirigir la energía hacia el cuidado interno.
- La salud mental y la física se entrelazan: lo que pensamos y sentimos termina vibrando en el cuerpo.
- Hacer más ligero el interior no pasa por negar problemas, sino por aprender a procesarlos con ayuda, con pausa y con honestidad.
- Tratar con tacto lo que está bajo nuestra piel es una forma silenciosa, pero profunda, de respeto hacia nosotros mismos.
Lecturas recomendadas
- Wayne Dyer – “Tus zonas erróneas”.
- Daniel Goleman – “Inteligencia emocional”.
- Eckhart Tolle – “El poder del ahora”.
- Don Miguel Ruiz – “Los cuatro acuerdos”.
Conclusión
Lo que realmente es nuestro no son las cosas que mostramos, sino el espacio que habitamos por dentro. Todo lo externo puede cambiar, perderse o transformarse sin pedir permiso; lo que queda es la calidad del vínculo que tenemos con nuestro cuerpo y con nuestra mente. Volver una y otra vez a ese lugar, con más cuidado y menos juicio, es quizá la forma más sencilla de honrar la frase: lo que está bajo tu piel merece ser un lugar habitable, ligero y en paz, aunque el mundo afuera siga en movimiento.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
Ver todos los artículos de AD Mettā →