La aceptación armoniza tu caminar
Publicado el 17 noviembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
Hay momentos en los que sentimos que todo en la vida es resistencia: nos peleamos con lo que sentimos, con lo que pasa afuera, con lo que ya no puede volver a ser. En ese estado, cada paso se siente pesado, como si camináramos con piedras en los zapatos. Cuando empezamos a aceptar –no como resignación, sino como una forma de ver las cosas tal como son–, algo se afloja por dentro. Wayne Dyer planteaba que gran parte de nuestro sufrimiento nace de querer que la realidad sea distinta a lo que es ahora; al aceptar, no estamos diciendo que nos encante lo que ocurre, sino que dejamos de pelear con el hecho de que ya está aquí.
Eckhart Tolle insiste en que el presente es el único espacio donde realmente podemos actuar. Cuando no aceptamos, nuestra mente vive atrapada entre el “antes” y el “debería ser”, y perdemos de vista el único terreno donde sí hay posibilidades de cambio: este instante. Aceptar lo que sentimos –enojo, tristeza, miedo, cansancio– permite que la experiencia se ordene; es como bajar el volumen del ruido interno para poder escuchar el siguiente paso. En esa calma relativa, el caminar se vuelve más armónico porque ya no estamos empujando todo hacia afuera, sino caminando con lo que hay.
Don Miguel Ruiz, en “Los cuatro acuerdos”, habla de dejar de tomar las cosas de manera personal. Parte de la aceptación también es comprender que muchas situaciones no son un juicio contra nosotros, sino movimientos de la vida en general. Cuando soltamos la necesidad de interpretar cada evento como un ataque o un fracaso personal, nuestro paso se suaviza: podemos ver oportunidades de aprendizaje, límites que poner, decisiones que tomar, sin cargarle peso extra a cada historia. En lugar de marchar en guerra contra el mundo, caminamos acompañados por lo que vamos comprendiendo.
La aceptación no nos quita la capacidad de cambiar, al contrario: nos coloca en un punto más claro desde donde decidir. Aceptar un dolor no significa normalizarlo para siempre, sino reconocer que está aquí y que, desde aquí, podemos buscar ayuda, trazar un plan, o simplemente darnos un tiempo para respirar. Es en ese equilibrio, entre lo que ya es y lo que todavía puede ser diferente, donde nuestro caminar se vuelve más armonioso. No avanzamos porque todo esté perfecto, sino porque hemos dejado de pelear con cada paso.
Reflexión en preguntas
- ¿En qué aspecto de tu vida sientes más resistencia hoy: en lo que pasó, en lo que está siendo o en lo que temes que venga?
- ¿Hay alguna emoción que lleves tiempo evitando nombrar y que, si la aceptaras, podría aliviar un poco tu carga?
- Si miras tu historia reciente, ¿en qué situaciones la aceptación te ha permitido tomar mejores decisiones que la pelea constante?
Desde lo aprendido
- La aceptación no es rendirse, es reconocer el punto real desde donde podemos movernos.
- Dejar de pelear con el presente reduce el ruido mental y abre espacio para ver opciones que antes no eran visibles.
- Aceptar las emociones no las hace más grandes; suele ordenarlas y permitir que pasen con menos violencia.
- Entender que no todo es personal aligera el peso de muchas experiencias y nos ayuda a caminar con menos culpa.
- Un caminar armonioso no implica ausencia de problemas, sino una relación más honesta y amable con lo que vivimos.
Lecturas recomendadas
- Wayne Dyer – “Tus zonas erróneas”.
- Eckhart Tolle – “El poder del ahora”.
- Don Miguel Ruiz – “Los cuatro acuerdos”.
- Daniel Goleman – “Inteligencia emocional”.
Conclusión
La aceptación armoniza nuestro caminar porque nos regresa al punto donde la vida realmente sucede: aquí y ahora, con lo que somos y con lo que hay. Cuando dejamos de gastar energía en negar, justificar o pelear contra cada situación, aparece una calma que no depende de que todo salga perfecto, sino de cómo nos relacionamos con lo que ocurre. Desde esa calma, los pasos no son más ligeros porque el camino sea fácil, sino porque dejamos de caminar en guerra con nosotros mismos. Y ahí, poco a poco, el trayecto se vuelve más habitable.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
Ver todos los artículos de AD Mettā →