La terapia no funcionará si sigues rodeado de la gente equivocada
Publicado el 27 noviembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
Cuando buscamos ayuda en terapia suele ser porque algo dentro de nosotros ya no quiere seguir igual: una tristeza que no cede, relaciones que nos desgastan, decisiones que se repiten como patrón. Pero por más claridad que vayamos ganando en las sesiones, hay una verdad incómoda: si salimos de ahí para regresar al mismo ambiente tóxico de siempre, la terapia se convierte en un esfuerzo que nada contracorriente. Daniel Goleman habla de cómo nuestras emociones son profundamente influenciadas por el entorno; no somos islas, y nuestro sistema nervioso se va adaptando a la calidad de vínculos que sostenemos.
Viktor Frankl enseñaba que podemos encontrar sentido incluso en medio de circunstancias muy difíciles, pero nunca lo planteó como una invitación a quedarnos atrapados en lugares o vínculos que nos reducen. A veces seguimos rodeados de personas que se burlan de nuestro proceso, minimizan lo que sentimos o boicotean cada cambio que intentamos hacer, porque ese cambio los confronta a ellos también. Desde ahí, la terapia puede darnos herramientas y conciencia, pero si volvemos al mismo círculo donde se normaliza el maltrato, la manipulación o el desprecio, es como intentar sanar una herida sin dejar de abrirla todos los días.
Wayne Dyer insistía en que el verdadero cambio comienza cuando dejamos de justificarnos y asumimos la responsabilidad de elegir mejor: qué pensamos, qué hacemos… y también con quién compartimos lo que somos. No se trata de demonizar a nadie, sino de reconocer que hay entornos que suman y entornos que drenan. A veces “la gente equivocada” no es malvada, solo está en otro momento, con otros valores, y nuestra necesidad de pertenecer nos hace quedarnos donde ya no crecemos. Si la terapia nos ayuda a ver esto con más claridad, la siguiente parte del trabajo es empezar a poner límites, acercarnos a relaciones más sanas y alejarnos, poco a poco, de lo que boicotea nuestra salud emocional.
La frase no dice que la terapia no sirva, sino que sola no puede con todo. Nosotros también tendremos que tomar decisiones difíciles: decir “no” donde antes callábamos, aceptar que ciertos vínculos necesitan distancia, permitirnos construir una red distinta aunque al inicio se sienta vacía. La buena noticia es que, cuando el entorno empieza a cambiar, muchas cosas internas que parecían no avanzar comienzan a ordenarse. La terapia entonces deja de ser un espacio para sobrevivir a lo que vivimos afuera y se vuelve un aliado para construir una vida donde no tengamos que defendernos todo el tiempo de la gente que nos rodea.
Reflexión en preguntas
• ¿Hay personas o ambientes que, cada vez que sales de ahí, te dejan con la sensación de haberte traicionado a ti mismo?
• Si pensaras en tu proceso de terapia como una planta frágil que recién comienza a crecer, ¿qué tipo de clima y compañía necesitaría para fortalecerse?
• ¿Qué pequeño límite podrías empezar a practicar con “la gente equivocada” sin necesidad de romper nada de golpe, pero cuidando mejor tu paz?
Desde lo aprendido
• La terapia puede ofrecer claridad, pero el entorno en el que vivimos diariamente puede reforzar o sabotear ese proceso.
• No toda persona cercana es necesariamente una buena compañía para nuestra salud mental; a veces el amor propio exige distancia.
• Poner límites no es atacar a otros, sino cuidar el espacio interno que estamos intentando sanar.
• Rodearnos de personas que respetan nuestro proceso hace que los avances de la terapia se vuelvan más sostenibles.
• Revisar con honestidad qué vínculos alimentan nuestra energía y cuáles la consumen es parte del trabajo profundo de cambio.
Lecturas recomendadas
• Daniel Goleman – “Inteligencia emocional”
• Viktor Frankl – “El hombre en busca de sentido”
• Don Miguel Ruiz – “Los cuatro acuerdos”
• Wayne Dyer – “Tus zonas erróneas”
Conclusión
“La terapia no funcionará si sigues rodeado de la gente equivocada” nos recuerda que sanar no es solo hablar de lo que sentimos, sino también revisar con quién lo compartimos y en qué espacios vivimos cada día. Podemos honrar el trabajo terapéutico tomando decisiones más conscientes sobre nuestras compañías, aunque duelan, confiando en que, al alejarnos de lo que nos hiere, dejamos también un lugar libre para relaciones más sanas, más coherentes y más cercanas a la paz que estamos buscando.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
Ver todos los artículos de AD Mettā →