Si aceptas la derrota lo que sigue es que salgas a ganar
Publicado el 29 noviembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
Nos enseñaron a temer la palabra “derrota” como si fuera una marca permanente en la frente. Por eso muchas veces preferimos disfrazarla: “no era tan importante”, “yo ni quería”, “fue culpa de…”; cualquier frase que nos evite mirar de frente lo que salió mal. Sin embargo, la derrota asumida con honestidad no es el final, es el punto donde dejamos de discutir con la realidad. Viktor Frankl diría que ahí comienza la posibilidad de darle un nuevo sentido a lo vivido: cuando dejamos de pelear con el “perdí” y empezamos a preguntarnos “¿qué hago ahora con esto?”.
Wayne Dyer insistía en que no se trata de negar lo que pasa, sino de asumir nuestra cuota de responsabilidad sin convertirla en castigo eterno. Aceptar la derrota no significa rendirnos, significa dejar de contarnos historias para justificarla. Cuando la aceptamos, bajan un poco el ruido del ego y la necesidad de aparentar, y se abre espacio para ver nuestros hábitos, decisiones y miedos con más claridad. Stephen Covey hablaría de ese momento como una oportunidad para revisar si las escaleras que hemos estado subiendo están apoyadas en la pared correcta. No se trata solo de “echarle más ganas”, sino de revisar si la dirección sigue teniendo sentido para nosotros.
En ese punto, la frase da un giro importante: “lo que sigue es que salgas a ganar”. Una derrota aceptada se convierte en información valiosa para el siguiente intento. Ajustamos la estrategia, los tiempos, los límites, la forma de pedir ayuda, incluso la gente con la que caminamos. Daniel Goleman recordaría que, si aprendemos a gestionar la frustración y la vergüenza, dejamos de escondernos y usamos la experiencia como combustible emocional. Salir a ganar ya no es un capricho del ego, sino un acto de dignidad: reconocer que no somos solo el resultado de un intento, sino la suma de lo que aprendemos después de cada caída.
Aceptar la derrota nos baja del pedestal, pero también nos levanta del suelo. Nos deja en un lugar más realista y más humano desde el cual volver a intentarlo. Y ahí, curiosamente, tenemos más posibilidades de ganar, porque ya no estamos tratando de probarle nada al mundo, sino de ser coherentes con lo que sentimos y deseamos. Tal vez esa sea la verdadera victoria: seguir saliendo a la vida, aun sabiendo que a veces perderemos, pero cada vez con más conciencia, más humildad y más intención.
Reflexión en preguntas
• ¿Qué derrota reciente sigues maquillando con excusas en lugar de reconocerla tal cual fue?
• Si pudieras mirar esa derrota solo como información, ¿qué te está diciendo sobre tus decisiones, tus tiempos o tus hábitos?
• ¿Qué cambio concreto podrías hacer para “salir a ganar” la próxima vez, incluso si el miedo a volver a perder sigue ahí?
Desde lo aprendido
• Aceptar la derrota no nos hace débiles; nos coloca en la única posición desde la que podemos aprender de verdad.
• La negación prolonga el dolor: cuanto antes reconocemos lo que pasó, antes podemos ajustar la estrategia y seguir adelante.
• Salir a ganar después de perder implica revisar no solo el objetivo, sino también la forma en que estamos caminando hacia él.
• La gestión de la emoción (frustración, vergüenza, enojo) es clave para no quedarnos paralizados en el fracaso.
• Cada derrota integrada con honestidad nos hace un poco más libres del qué dirán y más fieles a nuestro propio proceso.
Lecturas recomendadas
• Viktor Frankl – “El hombre en busca de sentido”
• Stephen R. Covey – “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”
• Wayne Dyer – “Tus zonas erróneas”
• Daniel Goleman – “Inteligencia emocional”
Conclusión
“Si aceptas la derrota lo que sigue es que salgas a ganar” nos recuerda que el problema no es perder, sino quedarnos atrapados en la negación o en la vergüenza. Cuando asumimos con calma lo que no salió bien, dejamos de pelear con el pasado y podemos usarlo como punto de apoyo para el siguiente paso. La vida no nos pide victorias perfectas, nos pide honestidad para reconocer dónde caímos y valentía para volver a salir, ahora sí, a ganar desde una versión más consciente de nosotros mismos.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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