antonio david martinez vessi

La cara no miente

Publicado el 18 diciembre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

Aunque intentemos cuidar las palabras, el cuerpo casi siempre se nos adelanta. En una reunión, en el trabajo o en la casa, decimos “claro que sí, cuenta conmigo”, pero la mirada se va al piso, los hombros se caen, el gesto se endurece. Algo no cuadra. Daniel Goleman, desde la inteligencia emocional, nos recuerda que el lenguaje corporal y el tono dicen más que el discurso. Podemos afirmar que vamos a dar el 100, pero si por dentro estamos cansados, enojados o desganados, esa verdad se filtra por la cara. Y los demás, aunque no sepan explicarlo, lo sienten.

En México estamos acostumbrados a ser “quedadores”: decimos que sí para no quedar mal, para evitar conflicto, para no ver la cara de decepción del otro. Pero el cuerpo cobra factura. Aparece la tensión en la mandíbula, el suspiro largo, la mirada perdida. Eckhart Tolle diría que es la distancia entre lo que hacemos y lo que realmente queremos hacer. Esa distancia se nota: en el empleado que dice “claro jefe” mientras aprieta los puños, en el familiar que asegura que “no pasa nada” con los ojos vidriosos, en el amigo que promete estar pero ya se fue desde el gesto. La cara no miente porque el cuerpo no sabe actuar tanto tiempo.

Don Miguel Ruiz hablaría ahí de impecabilidad, no solo con la palabra, sino con la presencia. Ser impecables es buscar que lo que decimos y lo que expresamos vayan en la misma dirección. Y eso incluye reconocer cuando no podemos dar el 100, cuando algo nos rebasa, cuando un compromiso ya no es sostenible. Wayne Dyer insistiría en que vivir en esa coherencia puede incomodar al principio, pero da una paz distinta: ya no vamos por la vida diciendo que sí mientras nuestra cara suplica un no. Cuando empezamos a ser honestos con lo que realmente sentimos, el cuerpo también se afloja; la mirada recupera brillo, aunque la respuesta sea más limitada o menos “quedadora”.

“La cara no miente” no viene a ridiculizar a nadie, viene a invitarnos a observar. A darnos cuenta de cuántas veces decimos que estamos bien cuando el gesto dice lo contrario; cuántas veces exigimos compromiso total a alguien cuya cara grita agotamiento. Tal vez crecer pasa también por ahí: aprender a leer lo que nuestro propio rostro nos está contando y atrevernos a ajustar la vida para que no tengamos que actuar tanto. Cuando lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos se van alineando, la cara deja de delatarnos… y empieza a reflejar algo más simple y profundo: verdad.

Reflexión en preguntas

• ¿En qué situaciones notas más esa distancia entre lo que dices y lo que realmente sientes: trabajo, familia, pareja, amigos?
• ¿Has identificado alguna persona cuya cara te diga claramente que no está bien, aunque sus palabras digan lo contrario?
• Si tuvieras que ser un poco más honesto con lo que puedes dar hoy, ¿qué cambiaría en tus “sí” y en tus “no”?

Desde lo aprendido

• El lenguaje corporal suele revelar lo que las palabras intentan ocultar.
• Decir que daremos el 100 cuando por dentro estamos agotados genera incoherencia y desgaste.
• La cara no miente porque el cuerpo no puede sostener por mucho tiempo lo que el corazón no siente.
• Ser más honestos con nuestros límites ayuda a que gesto, palabra y acción se alineen.
• Leer nuestra propia expresión también es una forma de autocuidado: nos muestra cuándo algo ya no va.

Lecturas recomendadas

• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Eckhart Tolle – El poder del ahora

Conclusión

“La cara no miente” nos recuerda que, tarde o temprano, la verdad se escapa por los ojos, por los hombros, por el tono con el que respondemos. Más que aprender a disimular mejor, la invitación es a revisar de verdad qué estamos prometiendo, cuánto podemos dar y qué necesitamos ajustar. Cuando dejamos de exigirnos actuar una versión que no sentimos, el rostro se relaja y la presencia se vuelve más auténtica. Puede que digamos menos “sí”, pero cada uno de ellos tendrá un peso distinto, porque vendrá acompañado de algo que no se puede fingir: congruencia.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

Ver todos los artículos de AD Mettā →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *