Si el recuerdo trae una sonrisa entonces valió la pena
Publicado el 23 diciembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
Con los años acumulamos recuerdos como quien llena cajas en una bodega: hay de todo. Momentos luminosos, escenas incómodas, decisiones que hoy haríamos distinto. A veces nos preguntamos si valió la pena haber vivido ciertas etapas, ciertos amores, ciertos intentos que no salieron como imaginábamos. Viktor Frankl diría que lo importante no es solo lo que pasó, sino el sentido que termina tomando en nuestra historia. Y una forma sencilla de medirlo es ésta: si al recordarlo, a pesar de todo, se nos escapa una sonrisa, algo ahí dejó huella buena. Tal vez dolió, tal vez se complicó, pero nos regaló una versión de nosotros que no existiría sin ese tramo del camino.
Wayne Dyer hablaba mucho de cómo interpretamos el pasado. Podemos usarlo como arma para castigarnos —“¿por qué hice eso?”, “cómo no me di cuenta”— o como maestro que nos enseñó lo que hoy sí sabemos cuidar. Cuando un recuerdo nos arranca una sonrisa, no es porque haya sido perfecto; es porque hemos hecho las paces con él. Vemos la escena con más ternura que juicio: la ingenuidad que teníamos, la valentía que mostramos, las ganas auténticas de hacer algo bien aunque no saliera ideal. En vez de quedarnos anclados en “el error”, reconocemos también el cariño, el aprendizaje, las personas que aparecieron gracias a esa etapa.
Eckhart Tolle insistiría en que el único lugar donde realmente vivimos es el presente, pero eso no significa borrar lo que fue. Más bien se trata de dejar que los recuerdos encuentren su lugar: no como cadenas que nos detienen, sino como historias que, al volver a visitarlas, nos recuerdan quiénes fuimos y cuánto hemos cambiado. Si hoy miramos hacia atrás y una parte de nuestro pasado nos provoca una sonrisa tranquila, quizás sea señal de que ahí hubo vida de verdad: nos arriesgamos, sentimos profundo, cometimos errores, dimos lo que pudimos con lo que teníamos. Y eso, por sí mismo, ya es valioso.
“Si el recuerdo trae una sonrisa entonces valió la pena” también nos invita a ser un poco más compasivos con quienes fuimos. Tal vez no tomamos siempre las mejores decisiones, pero tomamos las que podíamos con la conciencia de ese momento. Si hoy podemos agradecer algo de lo que entonces no entendíamos, si somos capaces de mirar a esa versión nuestra con menos dureza y más gratitud, quiere decir que el pasado ya está haciendo su trabajo: no para encadenarnos, sino para impulsarnos a vivir el presente con más conciencia y menos miedo.
Reflexión en preguntas
• ¿Qué recuerdo de tu vida, que en su momento fue complicado o doloroso, hoy te saca una ligera sonrisa al verlo desde la distancia?
• ¿Con qué partes de tu pasado sigues siendo muy duro contigo mismo, sin permitirte reconocer lo bueno que también hubo ahí?
• Si pudieras hablar con tu “yo” de aquella época, ¿qué le agradecerías por lo que te ayudó a aprender, aunque fuera a golpes?
Desde lo aprendido
• No todo lo que dolió fue un error; muchas experiencias difíciles hoy se recuerdan con cariño y enseñanza.
• La sonrisa que trae un recuerdo es señal de reconciliación con esa etapa de la vida.
• Interpretar el pasado con más ternura y menos juicio nos libera de culpas innecesarias.
• Cada versión de nosotros hizo lo mejor que pudo con la conciencia que tenía en ese momento.
• Agradecer lo vivido —incluso lo imperfecto— nos permite habitar el presente con más ligereza.
Lecturas recomendadas
• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Eckhart Tolle – El poder del ahora
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
Conclusión
“Si el recuerdo trae una sonrisa entonces valió la pena” es una forma sencilla de hacer las paces con nuestra propia historia. No se trata de negar el dolor ni de maquillar lo que estuvo mal, sino de reconocer que, en medio de todo eso, hubo vida, hubo intentos, hubo amor a nuestra manera. Cuando un recuerdo deja de ser solo herida y se convierte también en gratitud, entendemos que esa etapa ya cumplió su función. Nos queda tomar lo aprendido, honrar lo vivido y seguir caminando, sabiendo que, mientras haya sonrisas que nazcan del pasado, nada de eso fue en vano.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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