antonio david martinez vessi

Los regalos no son nada si las sillas están vacías

Publicado el 27 diciembre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

En estas fechas es fácil perderse entre bolsas, promociones y prisas. La mesa se llena de cajas envueltas, la casa huele a comida especial y, sin embargo, a veces sentimos un hueco que no se tapa con papel brillante. Hay sillas que faltan porque alguien se fue, otras porque alguien se alejó, y algunas porque, aunque el cuerpo está presente, la atención está en otra parte. Viktor Frankl recordaba que el ser humano no vive solo de cosas, sino de sentido. Y en la mesa de cualquier casa, el sentido pocas veces está en lo que se abre, y casi siempre en quién está sentado al lado cuando lo abrimos. Los regalos son un detalle bonito, pero cuando la ausencia pesa, el moño se queda corto.

Wayne Dyer insistía en la diferencia entre tener y ser. Podemos tener la mesa más llena de objetos que nunca y, al mismo tiempo, sentirnos más vacíos que antes si no hay una mirada sincera al frente, una risa que rompa el silencio, una conversación sencilla que nos recuerde que seguimos siendo parte de algo. Daniel Goleman, desde la inteligencia emocional, diría que es el lazo afectivo el que verdaderamente nutre: sentirnos vistos, escuchados, tomados en cuenta. Cuando las sillas están vacías —por distancia, por orgullo, por enojos que se alargaron de más—, los regalos quedan como un recordatorio silencioso de que algo más importante se nos está escapando.

También hay otro tipo de silla vacía: la del que está, pero ya no se involucra. El que cena mirando el celular, el que se sienta en la orilla con la mente lejos, el que cumple por compromiso pero no se deja tocar por el momento. Eckhart Tolle hablaría de la presencia: estar de verdad donde está el cuerpo. A veces no se trata de reunir a más gente, sino de que quienes estamos podamos bajar un poco la guardia y ocupar el lugar completo, con nuestras historias, nuestras heridas y nuestro cariño disponible. Tal vez ahí los regalos recuperan su sitio: dejan de ser el centro y se vuelven solo un pretexto para encontrarnos.

“Los regalos no son nada si las sillas están vacías” no viene a descalificar los detalles materiales; viene a recordarnos que son eso: detalles. Lo realmente valioso es la posibilidad de seguir sentándonos juntos, aunque la vida haya cambiado, aunque falte alguien, aunque nos cueste. Quizá no podamos llenar todas las sillas, ni resolver cada distancia, pero sí podemos mirar con más conciencia las que hoy siguen ocupadas. Porque al final del día, lo que permanece en la memoria no es el objeto envuelto, sino la mano que lo entregó, la risa que lo acompañó y el lugar que sentíamos que teníamos en esa mesa.

Reflexión en preguntas

• Cuando piensas en las reuniones que más recuerdas, ¿qué viene primero a tu mente: los regalos o las personas que estaban ahí?
• ¿Hay alguna silla que hoy esté vacía en tu vida por orgullo, enojo o distancia que tal vez podría empezar a acercarse de otra manera?
• ¿Cómo se ve, para ti, estar realmente presente en la mesa, más allá de lo que se intercambie envuelto en papel?

Desde lo aprendido

• Los regalos alegran, pero la verdadera fuerza de una reunión está en quiénes comparten la mesa.
• Las sillas vacías pueden deberse a ausencias físicas, pero también a presencias distraídas o distantes.
• La calidad del encuentro importa más que la cantidad de objetos que se reparten.
• Estar presentes —con atención, escucha y cariño— vale más que cualquier detalle caro.
• Agradecer a quienes siguen ocupando su lugar en nuestra vida ayuda a darle otro sentido a estas fechas.

Lecturas recomendadas

• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Eckhart Tolle – El poder del ahora

Conclusión

“Los regalos no son nada si las sillas están vacías” es una invitación suave a mirar más allá del papel y los moños. No se trata de dejar de regalar, sino de recordar que el verdadero obsequio es la presencia: saber que todavía hay alguien con quien reír, con quien recordar, con quien guardar silencio sin sentirnos solos. Cuando volvemos a poner en el centro a las personas y no a las cosas, los regalos se acomodan en su lugar natural: detalles que suman, pero que nunca sustituyen el valor de una silla ocupada con el corazón encendido.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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