antonio david martinez vessi

Cada quien tiene su velocidad

Publicado el 30 diciembre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

En estos tiempos es muy fácil sentir que vamos tarde. Abrimos redes y vemos anuncios de gente que “a tu edad” ya tiene casa, negocio, viajes, cuerpo perfecto, pareja estable y sonrisa de comercial. Compararse se vuelve casi automático, y la mente empieza con su discurso: “ya debería haber logrado esto”, “algo hice mal”, “se me está yendo la vida”. Wayne Dyer decía que una de las trampas más fuertes del ego es medir nuestro valor con la regla de los demás. Cuando caemos ahí, dejamos de mirar nuestro propio camino y empezamos a correr detrás de una lista que ni siquiera nació de nosotros.

Viktor Frankl recordaba que lo que realmente vuelve valiosa una vida no es el ritmo, sino el sentido. Hay quienes llegan muy rápido a ciertas metas, pero no saben qué hacer con ellas; otros tardan más, pero cuando por fin llegan, lo viven con una profundidad distinta porque hubo preguntas, tropiezos, búsquedas internas que los prepararon. Cada historia tiene sus tiempos: el que tuvo que trabajar desde muy joven, la que se hizo cargo de la familia, el que enfermó, la que se reinventó después de una ruptura. No es que “perdieran” años; los invirtieron en procesos que desde afuera casi nunca se ven, pero que cuentan.

Desde la inteligencia emocional, Daniel Goleman nos invitaría a mirar también nuestra manera de responder ante esos ritmos distintos. Podemos usar el éxito ajeno como látigo —“mira todo lo que otros sí hicieron”— o como referencia para preguntarnos qué queremos realmente, sin prisa ajena encima. Cada quien tiene su velocidad porque cada quien carga una historia, un cuerpo, unas heridas y unas oportunidades diferentes. Cuando olvidamos eso, caemos en juicios simplistas: “si no ha logrado más es porque no quiere”, “si fuera disciplinado ya estaría en otro nivel”. La realidad suele ser mucho más compleja y, sobre todo, más humana.

“Cada quien tiene su velocidad” no es una invitación a la flojera, sino a la honestidad. Podemos seguir creciendo, aprendiendo, ajustando hábitos, claro; pero desde un lugar menos castigador. Tal vez hoy no vamos donde “deberíamos”, pero sí estamos un poco más conscientes que ayer, un poco más claros en lo que ya no queremos repetir. Y eso también es avance. Cuando dejamos de mirar el reloj de los demás y atendemos el paso que hoy sí podemos dar, la angustia baja y aparece algo más sereno: la confianza de que, si seguimos caminando con presencia y responsabilidad, llegaremos a nuestras propias metas… en nuestro momento.

Reflexión en preguntas

• ¿Con quién tiendes a compararte más cuando sientes que “vas tarde”: amigos, familiares, personas de redes, compañeros de trabajo?
• ¿Qué partes de tu historia explican que tu camino tenga un ritmo distinto —y que casi nunca consideras cuando te juzgas duro?
• Si hoy dejaras de mirar el reloj ajeno, ¿qué paso concreto, aunque pequeño, podrías dar a tu propia velocidad?

Desde lo aprendido

• Compararnos de forma constante nos roba energía para avanzar en nuestro propio camino.
• Cada persona tiene ritmos distintos según su historia, sus responsabilidades y sus procesos internos.
• El éxito rápido no siempre viene acompañado de sentido; a veces los procesos más lentos preparan mejor por dentro.
• Reconocer nuestra propia velocidad no es excusa para rendirnos, sino un punto de partida más honesto.
• Vivimos con más paz cuando dejamos de correr la carrera de otros y empezamos a cuidar nuestro propio paso.

Lecturas recomendadas

• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Eckhart Tolle – El poder del ahora

Conclusión

“Cada quien tiene su velocidad” nos recuerda que la vida no es una competencia donde gana quien llegue primero a cierta meta. Es más bien un recorrido personal, con pausas, desvíos, avances discretos y momentos de claridad que llegan cuando tienen que llegar. Tal vez lo importante no sea ir al ritmo que el mundo espera, sino al ritmo que nos permite crecer de verdad por dentro mientras caminamos. Cuando honramos nuestros propios tiempos, dejamos de vivir pidiendo perdón por ir “lento” y empezamos a agradecer que, aun con todo, seguimos en movimiento.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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