antonio david martinez vessi

Busca obsesiones que construyan, no adicciones que destruyan

Publicado el 31 diciembre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

La palabra “obsesión” suele tener mala fama, pero la verdad es que muchas cosas buenas han nacido de ahí: gente que se clava en aprender, en mejorar su oficio, en sacar adelante a su familia, en terminar un proyecto aunque nadie lo esté aplaudiendo. Esa intensidad, bien dirigida, puede construir mucho. El problema comienza cuando esa misma fuerza se nos voltea y se convierte en adicción: ya no elegimos, ya no decidimos, solo reaccionamos. Wayne Dyer hablaba de la diferencia entre usar la mente como herramienta y vivir atrapados en ella; algo parecido pasa con nuestras pasiones: pueden ser motor o pueden ser jaula.

Daniel Goleman, desde la inteligencia emocional, diría que la obsesión sana se reconoce porque tiene dirección y límites. Es entrenar diario, pero respetando al cuerpo; trabajar duro, pero sin usar el trabajo para huir de la vida; estar comprometidos con una meta sin dejar que se lleve de corbata la salud, la dignidad o los vínculos importantes. La adicción, en cambio, tiene otro sello: nos va cobrando factura en silencio. Puede ser a sustancias, sí, pero también al teléfono, al juego, al drama, al reconocimiento, a una relación que ya no da más. Sabemos que nos hace daño, pero sentimos que no podemos dejarlo. Ahí ya no estamos construyendo, estamos desgastando el terreno.

Don Miguel Ruiz hablaría de los acuerdos que alimentan esas dinámicas: “si no estoy disponible 24/7, me van a dejar”, “si no rindo al máximo, no valgo”, “si no reviso el celular cada dos minutos, algo voy a perder”. Esa mentalidad abre la puerta a adicciones muy disfrazadas de responsabilidad o de cariño. Una obsesión que construye, en cambio, suele ir de la mano de un propósito más amplio: aprender algo útil, servir mejor, sanar una parte de nuestra historia, dejar algo bueno detrás. No es perfecta, pero nos va dando frutos: paz, crecimiento, claridad. La adicción, por el contrario, deja rastro de culpa, agotamiento y relaciones rotas.

“Busca obsesiones que construyan, no adicciones que destruyan” es una invitación honesta a revisar dónde se está yendo nuestra energía más intensa. No se trata de vivir tibios, sin pasión, sino de ser valientes para reconocer qué prácticas, personas o hábitos nos están levantando y cuáles, si somos sinceros, están tirando por dentro algo que valoramos. A veces el primer paso no es soltarlo todo de golpe, sino admitirlo: ponerle nombre, pedir ayuda, ajustar un límite, mover un horario, cambiar un “no pasa nada” por un “ya es suficiente”. Ahí empieza el giro: seguir siendo intensos, pero al servicio de una vida que se construye, no de una que se nos va de las manos.

Reflexión en preguntas

• ¿En qué área de tu vida sientes hoy una obsesión que te está ayudando a crecer y te deja buena sensación al final del día?
• ¿Qué hábito, relación o costumbre sospechas que ya cruzó la línea hacia la adicción, aunque todavía la justifiques?
• Si pudieras redirigir una parte de tu energía intensa hacia algo que sí construya, ¿a qué proyecto, práctica o cambio personal la moverías?


Desde lo aprendido

• La intensidad no es mala por sí misma; puede ser motor de crecimiento cuando está al servicio de un propósito sano.
• La adicción se reconoce porque termina cobrándonos paz, salud o relaciones, aunque por fuera parezca “normal”.
• Muchas adicciones modernas se disfrazan de trabajo, responsabilidad o cariño excesivo.
• Revisar nuestras creencias sobre el éxito, el amor y el rendimiento ayuda a diferenciar pasión de dependencia.
• Dirigir nuestras obsesiones hacia hábitos que construyan nos permite vivir con fuerza, pero también con más libertad interior.

Lecturas recomendadas

• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
• Eckhart Tolle – Una nueva tierra

Conclusión

“Busca obsesiones que construyan, no adicciones que destruyan” no propone apagar el fuego interno, sino aprender a orientarlo. Podemos seguir siendo intensos, dedicados, apasionados, pero con la conciencia de que nuestra energía es limitada y vale demasiado como para gastarla en lo que solo nos vacía. Cuando elegimos relaciones, proyectos y hábitos que nos fortalecen en lugar de encadenarnos, la misma fuerza que antes nos arrastraba empieza a empujar a favor de la vida que queremos vivir. Y ahí, poco a poco, dejamos de sentirnos consumidos por lo que hacemos y empezamos a sentirnos acompañados por lo que construimos.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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