antonio david martinez vessi

La jaula más peligrosa es la de los pensamientos

Publicado el 13 enero, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Hay cárceles que se ven y otras que nadie nota, porque están dentro de la cabeza. Podemos estar en la misma ciudad, con la misma familia, el mismo trabajo, pero vivir encerrados en ideas que nos repiten: “no puedes”, “ya es tarde”, “siempre te va a salir mal”, “no eres suficiente”. Esas frases no llevan uniforme ni barrotes, pero nos limitan igual. Daniel Goleman habla de cómo la mente, cuando se engancha en un pensamiento, empieza a darle vueltas una y otra vez hasta que lo sentimos como verdad absoluta. No hace falta que algo terrible esté pasando afuera; basta con creerle a ciertos diálogos internos para sentirnos atrapados. La jaula más peligrosa no es la que nos ponen, sino la que terminamos sosteniendo nosotros sin darnos cuenta.

Wayne Dyer llamaba “zonas erróneas” a esos patrones de pensamiento que nos sabotean: la culpa excesiva, la necesidad de aprobación, la obsesión con el control. Muchas veces no son ideas que hayamos elegido conscientemente; vienen de lo que vimos en casa, de lo que nos dijeron en la escuela, de experiencias que nos marcaron. Sin embargo, con el tiempo las repetimos tanto que pareciera que son “naturales” en nosotros. Don Miguel Ruiz, en Los cuatro acuerdos, diría que hemos firmado pactos con creencias que ni siquiera revisamos: “yo soy el que siempre falla”, “yo soy el fuerte que nunca se quiebra”, “yo soy el que aguanta todo”. La jaula se alimenta cada vez que damos por hecho que “así soy” y dejamos de cuestionar si eso realmente nos hace bien.

Eckhart Tolle recuerda que la mente tiene la costumbre de arrastrarnos al pasado y al futuro, llenándonos de historias que quizá nunca ocurran o que ya no podemos cambiar. Desde ahí, los pensamientos se vuelven película constante: lo que pudo ser, lo que debería pasar, lo que seguro saldrá mal. Y mientras la película corre, la vida real sigue sucediendo enfrente. Viktor Frankl, incluso en medio de situaciones extremas, defendía una idea poderosa: entre lo que pasa y lo que respondemos existe un espacio de libertad interior. Tal vez no podemos evitar que cierto pensamiento aparezca, pero sí podemos empezar a notar cuándo se está convirtiendo en jaula: cuando ya no nos permite ver posibilidades, cuando nos bloquea cualquier intento de cambio, cuando nos hace tratar mal a otros o a nosotros mismos.

“La jaula más peligrosa es la de los pensamientos” no viene a decir que pensemos “bonito” todo el tiempo ni a negar lo que duele. Se trata de recordar que no todo lo que se nos ocurre merece ser obedecido. Podemos sentir miedo y aún así avanzar, sentir duda y aún así preguntar, sentir tristeza y aún así cuidar lo que amamos. La mente va a seguir generando historias; es parte de su trabajo. Nuestra tarea quizá sea otra: dejar de creer que cada pensamiento es una orden y empezar a verlo como un visitante al que podemos escuchar, cuestionar o despedir. Poco a poco, al revisar qué ideas nos sostienen y cuáles nos encierran, esa jaula interna se afloja. Y aunque la vida siga siendo imperfecta, nos vamos moviendo con un poco más de espacio por dentro.

Reflexión en preguntas

• ¿Qué frases se repiten más seguido en tu mente cuando algo no sale como esperabas: “siempre soy así”, “nunca voy a poder”, “todos están en mi contra”?
• ¿Recuerdas alguna decisión que no tomaste por miedo a lo que te contabas en la cabeza, más que por lo que realmente estaba pasando afuera?
• Si hoy pudieras empezar a cuestionar solo una creencia que sientes como jaula, ¿cuál sería y qué evidencia real tienes de que sea 100% verdad?

Desde lo aprendido

• No todas las cárceles se ven por fuera; muchas se construyen con pensamientos que repetimos sin revisar.
• Las ideas que heredamos de la familia, la cultura o experiencias pasadas pueden volverse jaulas si las tomamos como verdad absoluta.
• La mente tiende a exagerar peligros y a minimizar posibilidades; notarlo ya es un primer paso para recuperar libertad interior.
• Podemos sentir miedo, culpa o duda sin obedecer automáticamente lo que esos pensamientos nos ordenan.
• Cuestionar con calma lo que pensamos de nosotros mismos abre espacio para respuestas nuevas y decisiones más libres.

Lecturas recomendadas

• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Eckhart Tolle – El poder del ahora

Conclusión

“La jaula más peligrosa es la de los pensamientos” nos invita a mirar hacia adentro con honestidad, no para culparnos, sino para reconocer cuánto poder le hemos entregado a ciertas ideas. No podemos apagar la mente como si fuera un interruptor, pero sí podemos cambiar la relación que tenemos con lo que pensamos. Cada vez que ponemos en duda una frase que nos reduce, cada vez que elegimos actuar distinto a la historia que nos paraliza, estamos doblando un poco los barrotes de esa jaula. Y tal vez, con el tiempo, descubramos que la puerta siempre había estado entreabierta: solo necesitábamos darnos cuenta de que también es posible pensar —y vivir— de otra manera.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

Ver todos los artículos de AD Mettā →
  1. Avatar

    Juan Ricardo Ramirez Reyna

    13 enero, 2026 a las 10:42 pm

    Exactamente eso es algo que no se ve pero se siente el tener miedo al qué dirán nos hace decir una sarta de mentiras qué nos afectan y cuando queremos que nos creean ya no nos tienen esa confianza y sigues en el encierro de esa jaula pero debe uno seguir y explicarse bien el por que se dijo cierta mentira sabiendo que ye perjudica pero en ese momento así lo deciste por miedo y culparte de algo no no hiciste gracias a sus frases espero cambiar mis pensamientos y ser otra persona que bonito es leer algo que te haga sentir vivo de nuevo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *