antonio david martinez vessi

A la adversidad también hay que ponerle buena cara

Publicado el 12 diciembre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

La adversidad llega sin pedir permiso: un diagnóstico inesperado, un problema económico, un conflicto en la familia, una etapa donde nada sale como queríamos. En esos momentos es muy fácil caer en dos extremos: o nos dejamos hundir por completo, o nos obligamos a “aguantar” fingiendo que no pasa nada. Ninguno de los dos caminos nos sostiene de verdad. Viktor Frankl, que conoció la adversidad en su forma más dura, repetía algo sencillo y profundo: no siempre podemos elegir lo que nos pasa, pero sí la actitud con la que lo atravesamos. Ponerle buena cara a la adversidad no es negar el dolor, es decidir desde dónde la vamos a mirar.

Daniel Goleman, desde la inteligencia emocional, diría que la buena cara nace de reconocer primero lo que sentimos: miedo, enojo, tristeza, incertidumbre. Cuando las emociones se miran de frente, dejan de gobernarnos desde la sombra. Solo entonces podemos dar un paso más y preguntarnos: “¿Qué sí depende de mí en medio de todo esto?”. A veces será pedir ayuda, otras hacer un plan, otras simplemente respirar hondo y no irnos con la primera reacción impulsiva. La buena cara no es sonrisa forzada; es una postura interna que dice: “Esto me duele, pero no me va a romper por dentro”.

Eckhart Tolle insistiría en la importancia del presente: una parte del sufrimiento viene de pelearnos mentalmente con lo que ya es. “Esto no debería estar pasando”, repetimos. Y mientras más nos resistimos, más nos desgastamos. Poner buena cara a la adversidad, en cambio, implica aceptar que hoy la vida se ve así, aunque no nos guste, y desde ahí actuar con la mayor conciencia posible. Wayne Dyer lo resumía en otra clave: si no puedes cambiar la situación, a veces lo que se transforma es la manera de habitarla. No se trata de romanticismo; se trata de recuperar algo de dignidad y esperanza en medio del caos.

Cuando logramos esa combinación –reconocer el dolor, aceptar la realidad y cuidar la actitud– la adversidad se convierte en especie de maestro incómodo. No lo pedimos, no lo queremos, pero termina afinando el carácter: nos hace más humildes, más compasivos con el dolor ajeno, más claros sobre lo que realmente importa. Poner buena cara no significa que todo saldrá perfecto, significa que, pase lo que pase, no vamos a soltar nuestra humanidad. Y eso ya es una forma de victoria.

Reflexión en preguntas

• ¿Qué tipo de adversidad estás enfrentando hoy que te cuesta aceptar sin pelear internamente con ella?
• ¿Tiendes más a hundirte en pensamientos negativos o a fingir que todo está bien para no preocupar a nadie?
• Si te preguntaras “¿qué sí depende de mí en esta situación?”, ¿qué pequeñas acciones se te ocurren que podrían cambiar tu manera de vivirla?

Desde lo aprendido

• La adversidad es inevitable; la actitud con la que la enfrentamos, no.
• Poner buena cara no es negar el dolor, es decidir no rendirnos internamente.
• Reconocer lo que sentimos nos da margen para elegir mejor nuestra respuesta.
• Aceptar la realidad tal como es reduce el desgaste de pelear con lo que no podemos controlar.
• Muchas crisis terminan revelando fortalezas y valores que no conocíamos en nosotros mismos.

Lecturas recomendadas

• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Eckhart Tolle – El poder del ahora

Conclusión

“A la adversidad también hay que ponerle buena cara” no propone una alegría superficial ni una sonrisa obligada. Lo que nos recuerda es que, aun en los días difíciles, tenemos un pequeño espacio de libertad: elegir cómo nos vamos a plantar frente a lo que duele. Tal vez no podamos cambiar de inmediato las circunstancias, pero sí podemos cuidar la dignidad, la esperanza y la serenidad con la que caminamos dentro de ellas. Y a veces, esa buena cara que sostenemos por dentro termina siendo justamente la luz que necesitamos para atravesar la tormenta.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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