antonio david martinez vessi

Al tiempo no se le puede engañar

Publicado el 16 enero, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Con los años vamos descubriendo algo que al principio cuesta aceptar: al tiempo no se le puede engañar. No importa cuántas prisas tengamos, cuántas máscaras usemos o cuántas veces nos digamos “luego lo hago”. El tiempo avanza con una calma implacable, y en ese avanzar nos va dejando pistas de lo que somos y de lo que ya no somos. A veces quisiéramos detenerlo, volver atrás o adelantar capítulos, pero la vida no funciona así. Lo curioso es que, cuando dejamos de pelear con el reloj, empezamos a notar que el tiempo también nos ha regalado cosas que antes no teníamos: una mirada más amplia, una sensibilidad distinta, la capacidad de distinguir lo esencial de lo accesorio.

Viktor Frankl hablaba de que cada etapa de la vida trae su propia oportunidad de sentido. El problema aparece cuando seguimos evaluándonos con parámetros que ya no nos corresponden, comparándonos con versiones pasadas de nosotros mismos o con historias ajenas. Wayne Dyer advertía sobre ese diálogo interno que nos acusa de ir tarde, de no haber logrado lo suficiente, de haber desaprovechado oportunidades. Es un juicio silencioso que no nos deja disfrutar lo que sí está presente. A cierta altura de la vida, quizá no se trata de correr más rápido, sino de caminar con mayor conciencia y menos culpa.

Don Miguel Ruiz nos recuerda que hacer “lo mejor que podemos” no significa exigirnos siempre lo mismo. Lo mejor cambia con los años, con las circunstancias y con el aprendizaje acumulado. Insistir en medirnos con la vara del pasado solo genera desgaste. Eckhart Tolle lo dice con claridad: la vida ocurre ahora. El pasado vive como recuerdo y el futuro como posibilidad, pero solo en el presente podemos respirar, decidir y sentir. Cuando entendemos esto, el tiempo deja de ser un enemigo y se convierte en un aliado que nos muestra dónde estamos parados y qué todavía podemos elegir.

“Al tiempo no se le puede engañar” no es una sentencia dura, sino una invitación honesta. Ya que no podemos detenerlo, quizá la pregunta sea cómo queremos vivirlo. Podemos seguir reprochándonos lo que no fue, o podemos agradecer lo que sí se ha construido, incluso con errores y tropiezos. Cada etapa tiene su dignidad y su belleza, aunque no se parezca a lo que imaginamos años atrás. Aceptar el paso del tiempo es, en el fondo, una forma profunda de reconciliarnos con nuestra propia historia y de seguir adelante sin cargar culpas innecesarias.

Reflexión en preguntas

  • ¿En qué momentos sientes que te juzgas con expectativas que ya no te corresponden?
  • ¿Qué cosas buenas te ha regalado el tiempo que quizá no tenías antes?
  • Si dejaras de pelear con el reloj, ¿qué decisión vivirías hoy con más calma?

Desde lo aprendido

  • El tiempo no se detiene, pero nuestra forma de mirarlo sí puede cambiar.
  • Compararnos con el pasado o con otros nos roba presencia y paz.
  • Cada etapa pide una manera distinta de medirnos y tratarnos.
  • Soltar la culpa por lo que no fue abre espacio para disfrutar lo que es.
  • Vivir el presente con honestidad es una forma de respetar el camino recorrido.

Lecturas recomendadas

  • Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
  • Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
  • Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
  • Eckhart Tolle – El poder del ahora

Conclusión

El tiempo seguirá avanzando, con o sin nuestra aprobación. No podemos engañarlo ni convencerlo de esperar, pero sí podemos aprender a caminar con él sin resistencia. Tal vez ahí esté la verdadera paz: en aceptar la etapa que vivimos, honrar lo que hemos aprendido y permitirnos seguir construyendo sentido desde el lugar en el que hoy estamos. Mientras estemos aquí, el tiempo no es una condena, sino una oportunidad silenciosa para vivir con mayor verdad.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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