Antonio David Martinez Vessi

Cada desafío tiene dos vías, te impulsa o te frena, tú decides

Publicado el 19 noviembre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

Cuando aparece un desafío, casi siempre sentimos primero el golpe: miedo, enojo, resistencia. La mente se quiere proteger y nos susurra que lo mejor es no movernos mucho, no arriesgar, no cambiar nada. Ahí se dibujan las dos vías: usar el reto como excusa para detenernos o como empujón para movernos distinto. Wayne Dyer hablaba de cómo interpretamos los hechos desde nuestras creencias: si creo que “no soy capaz”, cada dificultad confirmará mi historia de fracaso; si empiezo a creer que puedo aprender algo de lo que vivo, el mismo hecho puede convertirse en impulso. El desafío no cambia, lo que cambia es el lugar interno desde el que lo miramos.

Viktor Frankl, desde una realidad infinitamente dura, insistía en que la última libertad humana es elegir la actitud frente a lo que no podemos cambiar. No se trata de romantizar el dolor ni de negar lo difícil, sino de reconocer que, incluso ahí, tenemos un margen de decisión: ¿me rompo y me quedo ahí, o aprovecho lo que estoy viviendo para descubrir nuevas fuerzas, pedir ayuda, replantear mi camino? Los desafíos pueden frenarnos cuando nos quedamos atrapados en el “¿por qué a mí?”, dando vueltas en el mismo pensamiento; en cambio, pueden impulsarnos cuando pasamos al “¿para qué puedo usar esto?”, no como consigna mágica sino como pregunta honesta.

Don Miguel Ruiz recuerda que gran parte de nuestro sufrimiento viene de los acuerdos invisibles que hemos hecho con nosotros mismos: “no fallo”, “no pido apoyo”, “no muestro debilidad”. Frente a un reto, esos acuerdos se ponen a prueba. Si elegimos la vía que nos frena, reforzamos la idea de que no tenemos salida; si elegimos la vía que impulsa, rompemos poco a poco esos pactos rígidos y empezamos a crear otros más sanos: “puedo equivocarme y seguir”, “puedo aprender algo nuevo”, “puedo aceptar que necesito acompañamiento”. El desafío entonces deja de ser solo obstáculo y se vuelve un espejo que nos muestra qué partes nuestras necesitan crecer.

Al final, cada desafío nos coloca frente a una decisión silenciosa: quedarnos donde estamos o dar un paso, aunque sea pequeño, hacia una forma de vivir más coherente con lo que deseamos. No siempre elegiremos perfecto, a veces nos frenaremos por cansancio o miedo, y también eso forma parte del camino. La clave está en recordar que, incluso cuando nos detenemos, sigue existiendo la posibilidad de elegir de nuevo. Ahí está la verdadera fuerza de esta frase: no son los desafíos los que definen nuestra historia, sino lo que decidimos hacer con ellos una y otra vez.

Reflexión en preguntas

  • ¿Qué desafío tienes hoy en tu vida que sientes que te está frenando más de lo que te impulsa?
  • ¿Qué historia interna te estás contando sobre ese reto: “no puedo”, “no es para mí”, “voy a fallar”?
  • Si quisieras convertir ese mismo desafío en un impulso, ¿qué pequeño cambio de actitud o de acción podrías ensayar hoy?

Desde lo aprendido

  • Los desafíos son neutros; nuestra interpretación puede convertirlos en muro o en trampolín.
  • La actitud no elimina la dificultad, pero abre o cierra posibilidades de respuesta.
  • Elegir la vía que impulsa no siempre implica grandes gestos; muchas veces son pasos discretos pero constantes.
  • Revisar las creencias que se activan en los momentos difíciles puede ayudarnos a no sabotearnos justo cuando más necesitamos avanzar.
  • Siempre podemos volver a elegir: si hoy un desafío nos frenó, mañana puede ser el inicio de un nuevo movimiento.

Lecturas recomendadas

  • Wayne Dyer – “Tus zonas erróneas”.
  • Viktor Frankl – “El hombre en busca de sentido”.
  • Don Miguel Ruiz – “Los cuatro acuerdos”.
  • Daniel Goleman – “Inteligencia emocional”.

Conclusión

Cada desafío que aparece en nuestro camino trae escondida la misma pregunta: “¿qué vas a hacer conmigo?”. No podemos controlar todas las circunstancias, pero sí podemos decidir si las usamos para hundirnos un poco más o para aprender a sostenernos mejor. Valentía para mirar de frente lo que duele, acción para movernos aunque sea un poco, y paciencia para aceptar que el cambio no es inmediato. Así, desafío tras desafío, vamos escribiendo una historia menos de víctima y más de decisión.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

Ver todos los artículos de AD Mettā →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *