Calladito y avanzando porque la envidia complica los planes
Publicado el 20 diciembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
En la vida real, no en la de redes, muchos de nuestros avances más importantes han sido en silencio. No porque haya que ocultar todo, sino porque aprendemos que no todo el mundo se alegra cuando a uno le empieza a ir mejor. A veces basta con contar un sueño, un proyecto o una pequeña victoria para que aparezcan las miradas raras, los comentarios disfrazados de broma o los consejos que, en el fondo, buscan frenarnos. Wayne Dyer hablaba de ese veneno sutil: cuando la vida de otro se vuelve un espejo incómodo, es más fácil criticarla que preguntarnos qué nos falta a nosotros. Por eso, en ciertos tramos del camino, el “calladito y avanzando” no es desconfianza total, es una forma de cuidar la semilla mientras todavía es frágil.
La envidia tiene esta maña: convierte el progreso ajeno en amenaza. Don Miguel Ruiz diría que ahí es peligroso tomárselo personal; muchas veces no es “contra nosotros”, es contra lo que despertamos en el otro: sus propios pendientes, sus miedos, sus decisiones postergadas. Pero, aunque entendamos el origen, los efectos son reales: chismes, sabotajes chiquitos, intentos de minimizar lo que logramos. Por eso, antes de anunciar cada paso, conviene saber con quién estamos hablando. No siempre es mala idea mantener un perfil bajo mientras seguimos trabajando, estudiando, ahorrando, sanando, armando algo nuevo. Menos ruido afuera, más claridad adentro.
“Calladito” no significa vivir escondidos ni dejar de celebrar; significa elegir mejor las audiencias. Hay personas con las que podemos compartir el proceso completo: tropiezos, avances, dudas, errores. Con otras, lo más sano es mostrar resultados hasta que ya estén firmes, para que sus comentarios no nos descarrilen a medio camino. Daniel Goleman recordaría que la inteligencia emocional también se ve en eso: en proteger nuestra motivación de ambientes que la contaminan. No se trata de vivir paranoicos, se trata de entender que no todos tienen la capacidad de alegrarse por algo que ellos mismos no se han permitido.
Al final, “calladito y avanzando” es una forma de recordarnos dónde está la energía que sí vale la pena: en el trabajo constante, en la disciplina silenciosa, en la coherencia diaria. La envidia de otros no tiene por qué dictar nuestro ritmo, pero sí puede complicar las cosas si nos exponemos de más donde no hace falta. Tal vez la clave esté en seguir avanzando sin tanto anuncio, dar pasos firmes, rodearnos de la gente que suma… y dejar que, cuando llegue el momento, los resultados hablen por sí solos.
Reflexión en preguntas
• ¿Con quién sientes que puedes compartir tus avances con calma y quién, en cambio, suele reaccionar con comentarios que te desaniman?
• ¿Has notado que a veces hablar demasiado de tus planes te quita energía para ejecutarlos?
• Si hoy decidieras guardar un poco más de silencio sobre un proyecto importante, ¿qué espacio se abriría para concentrarte mejor en avanzar?
Desde lo aprendido
• No todos tienen la capacidad emocional de alegrarse por nuestros logros.
• La envidia puede convertir una buena noticia en un foco de conflicto o chisme.
• Guardar silencio en ciertas etapas protege la motivación y la claridad de propósito.
• Elegir con quién compartimos nuestros planes también es una forma de inteligencia emocional.
• A veces es mejor dejar que el trabajo bien hecho hable por nosotros cuando ya está sólido.
Lecturas recomendadas
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
Conclusión
“Calladito y avanzando porque la envidia complica los planes” no invita a vivir escondidos, sino a ser estratégicos con nuestra energía. Hay caminos que se construyen mejor lejos del ruido de la comparación y del juicio ajeno. Si aprendemos a trabajar en silencio cuando hace falta, a compartir solo con quienes pueden sostener nuestra alegría y a seguir avanzando sin necesidad de demostrar nada, la envidia pierde fuerza. Y entonces, más que preocuparnos por lo que otros piensan, podemos enfocarnos en lo que de verdad importa: el siguiente paso.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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