antonio david martinez vessi

El lugar es lo de menos con las personas adecuadas

Publicado el 14 enero, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Cuando miramos hacia atrás, muchas de nuestras mejores memorias no ocurrieron en lugares espectaculares. A veces fueron pláticas en una banqueta, una cena sencilla en la cocina, una carcajada en medio del tráfico o un café rápido en la oficina. Nos damos cuenta de algo importante: el escenario importa menos que la compañía. Podemos estar en un restaurante elegante y sentirnos solos, o sentados en la cochera de la casa de alguien y sentir que ahí hay hogar. Viktor Frankl diría que lo que da sentido a una experiencia no es solo el entorno, sino el vínculo que se vive en ella. Con las personas adecuadas, hasta lo más simple se vuelve significativo.

Daniel Goleman, desde la inteligencia emocional, nos recuerda que lo que más nos marca no son los objetos, sino la calidad de las emociones compartidas: respeto, escucha, presencia, honestidad. Hay lugares impecables donde no nos sentimos bienvenidos, donde cada palabra pesa y cada gesto parece examen. En cambio, hay espacios pequeños, incluso desordenados, donde podemos respirar, ser nosotros mismos, equivocarnos sin sentirnos juzgados. Don Miguel Ruiz hablaría de acuerdos silenciosos: con las personas adecuadas, el acuerdo de fondo es claro —cuidarnos, no humillarnos, alegrarnos por el bien del otro— y eso transforma cualquier rincón.

Cuando la compañía no es la adecuada, el lugar deja de importar para bien y empieza a importar para mal. Podemos estar de viaje, en una fiesta, en un puesto alto o en una mesa llena, y aun así sentirnos en territorio hostil: chismes disfrazados de convivencia, competencia disfrazada de juego, bromas que llevan filo. Ahí entendemos que no era el lugar lo que nos llenaba, sino el tipo de presencia que había con nosotros. Wayne Dyer insistiría en que elegimos, de alguna manera, qué tipo de energía permitimos cerca: personas con las que podemos hablar desde el corazón o entornos donde tenemos que ponernos máscara para ser aceptados.

“El lugar es lo de menos con las personas adecuadas” no quiere decir que los espacios no influyan o que no podamos disfrutar un sitio bonito. Significa que, al final, lo que sostiene el recuerdo y la paz interior es con quién estábamos y cómo nos tratamos mutuamente. Podemos aspirar a mejores escenarios, claro, pero sin olvidar que el verdadero “lujo” está en compartir tiempo con gente que suma, que nos dice la verdad con respeto, que se alegra de vernos crecer y a la que también deseamos ver bien. Con esas personas, un sillón viejo, una banca de parque o una mesa de plástico se convierten en lugar sagrado.

Reflexión en preguntas

• ¿Qué recuerdo muy feliz tienes en un lugar sencillo, que te confirma que la compañía fue más importante que el sitio?
• ¿Con quién te sientes en paz sin importar si están en un café, en la casa, en la calle o en el súper?
• ¿Hay algún entorno “bonito” en el que, si eres honesto, no te sientes bien por la calidad de las relaciones que se dan ahí?

Desde lo aprendido

• Un espacio se vuelve especial por la calidad de las personas y de la presencia que compartimos en él.
• La verdadera comodidad no siempre está en los lujos, sino en poder ser nosotros mismos sin miedo.
• Las personas inadecuadas pueden volver incómodo incluso el lugar más atractivo.
• Elegir con quién compartimos nuestro tiempo es tan importante como elegir dónde.
• Cuidar los vínculos sanos es, en el fondo, cuidar los “lugares” donde nuestro corazón descansa.

Lecturas recomendadas

• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos

Conclusión

“El lugar es lo de menos con las personas adecuadas” nos recuerda que, más allá de las fotos y las apariencias, lo que realmente buscamos es sentirnos vistos, escuchados y cuidados. Los objetos se desgastan, los sitios cambian, las modas pasan; pero la huella de haber compartido la vida con gente con la que podemos ser auténticos permanece. Tal vez no siempre podamos estar en el escenario perfecto, pero sí podemos cuidar y elegir mejor las compañías con las que llenamos nuestros días. Ahí, en esos vínculos, encontramos el tipo de “lugar” que de verdad vale la pena conservar.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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