El placer inmediato calma pero no construye
Publicado el 5 enero, 2026 por
Antonio David Martínez Vessi
Vivimos rodeados de formas rápidas de sentirnos mejor: el celular, la comida que antoja, la compra impulsiva, la serie que se maratonea, el like que nos sube el ego unos segundos. Y es normal que el cuerpo y la mente busquen alivio; nadie quiere vivir en tensión permanente. El problema no es el placer en sí, sino cuando se vuelve la única respuesta a todo. Daniel Goleman diría que la inteligencia emocional también se ve en la capacidad de postergar una gratificación para cuidar algo más grande: la salud, una relación, un proyecto, nuestra paz. El placer inmediato calma, sí… pero si solo vivimos ahí, lo de fondo queda igual: las conversaciones pendientes, los hábitos que nos dañan, las decisiones que seguimos evitando.
Wayne Dyer hablaba de cómo el ego siempre busca salir del malestar de la forma más rápida posible, aunque después venga una factura más alta. Nos ha pasado: apagar la incomodidad con comida, con redes, con trabajo de más, con justificarlo todo diciendo “me lo merezco”. Y sí, a veces nos lo merecemos; pero otras veces, si somos honestos, sabemos que estamos usando ese momento agradable para no mirar algo que nos pide cambio. El placer inmediato no construye porque casi nunca nos mueve de lugar; nos anestesia un rato y nos regresa al mismo punto. Lo que sí construye suele ser menos espectacular: levantarnos aunque no haya ganas, escuchar de verdad a alguien, ahorrar un poco, aprender un tema difícil, decir que no donde antes cedíamos.
Eckhart Tolle diría que confundimos mucho el alivio con la presencia. El placer inmediato baja el volumen de la incomodidad, pero no siempre nos conecta con nosotros; a veces hace lo contrario: nos distrae de lo que sentimos y de lo que necesitamos. Construir, en cambio, implica quedarnos un poco más en el presente, aunque pique: reconocer la soledad, la frustración, el cansancio, y preguntarnos “¿qué podría hacer hoy que le sume tantito a mi vida, aunque no sea tan emocionante como el video que me entretiene?”. No es una guerra contra el disfrute, es una invitación a darnos también placeres que dejan algo después: una caminata, un libro que nos mueve, una charla honesta, un avance pequeño en algo que importa.
“El placer inmediato calma pero no construye” no viene a prohibir nada, sino a hacer una distinción. Hay momentos donde un antojo, una película o una tarde de descanso son medicina y se agradecen. Pero si el patrón de siempre es evadirnos en lo que calma rápido, la vida se va llenando de parches y se vacía de estructura. Tal vez el punto está en preguntarnos, de vez en cuando: ¿qué porcentaje de mi día está en apagar fuegos con placeres rápidos y qué porcentaje está en poner ladrillos, aunque sean pequeños, de la vida que sí quiero vivir? A partir de ahí, el placer deja de ser enemigo y se vuelve aliado, porque ya no tapa lo importante: lo acompaña.
Reflexión en preguntas
• ¿En qué cosas buscas más seguido ese “placer inmediato”: comida, redes, compras, series, trabajo extra, validación de otros?
• ¿Qué tema de tu vida sientes que sigues postergando, refugiándote en pequeños alivios que sabes que no lo resuelven?
• ¿Qué tipo de placer te deja una sensación más profunda de bienestar al final del día: el rápido y automático, o el que implica un pequeño esfuerzo previo?
Desde lo aprendido
• El placer inmediato no es malo, pero cuando se vuelve la respuesta principal, deja asuntos importantes sin atender.
• Calmar no es lo mismo que construir: uno baja la incomodidad del momento, el otro modifica la base de nuestra vida.
• Muchas veces usamos placeres rápidos como evasión de decisiones, conversaciones o cambios que ya sabemos que son necesarios.
• Los placeres que construyen suelen ser más discretos: hábitos, aprendizajes, vínculos cuidados, tiempo de calidad con nosotros mismos.
• Encontrar equilibrio entre disfrutar el momento y cuidar el largo plazo nos permite vivir con menos culpa y más sentido.
Lecturas recomendadas
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Eckhart Tolle – El poder del ahora
Conclusión
“El placer inmediato calma pero no construye” nos recuerda que no todo lo que se siente bien nos hace bien a la larga. Podemos seguir disfrutando los pequeños gustos del día, pero sin olvidar que la vida que queremos no se levanta solo con chispazos de alivio, sino con decisiones constantes, a veces silenciosas, que van formando un piso distinto. Cuando empezamos a elegir, aunque sea un poco más seguido, aquello que además de calmar construye, el placer deja de ser fuga y se convierte en recompensa natural de un camino que sí vale la pena recorrer.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
Ver todos los artículos de AD Mettā →