antonio david martinez vessi

El rechazo cansa y aleja

Publicado el 26 diciembre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

Todos, en algún momento, hemos sentido lo que es tocar una puerta y que nadie abra. Mandar un mensaje y ver que pasa el tiempo sin una simple respuesta, aunque sea un “no puedo ahora”. Llamar, insistir, proponer, y toparnos con un silencio que pesa. Al principio uno justifica: “seguro anda ocupado”, “tal vez no lo vio”. Pero cuando la constante es el desaire, algo en el corazón se va apagando. Daniel Goleman diría que somos seres profundamente sensibles a las señales de aceptación o rechazo; no contestar, no mirar, no reconocer al otro, parece un detalle menor, pero deja marcas. Por cariño, aguanta uno un rato. Después, cansa. Y cuando cansa, empezamos a alejarnos.

Hay otra forma de rechazo que también lastima: hablar de alguien cuando no está para defenderse. Comentar su vida, su historia, sus errores, como si fueran material de entretenimiento. Don Miguel Ruiz, en Los cuatro acuerdos, habla de ser impecables con la palabra; eso incluye no usarla para despojar a otro de su dignidad. Podemos no estar de acuerdo con alguien, incluso tomar distancia si es necesario, pero reducirlo a chisme es otra cosa. El rechazo no siempre grita; a veces se disfraza de bromas, de exclusiones sutiles, de “a ti no te invitamos porque no encajas”. Y aunque quien recibe eso no diga nada, por dentro va tomando nota.

También existe el rechazo que nace del elitismo: miradas que pesan más que cualquier frase. Creernos “más” por el nivel de estudios, el dinero, el apellido, el barrio. Wayne Dyer señalaba cómo el ego se alimenta de comparaciones; necesita sentirse superior para no enfrentar sus propias inseguridades. Pero del otro lado, quien es tratado como menos se va desgastando. Llega un punto en que ya no busca pertenecer, solo busca paz. Y la paz, muchas veces, está lejos de quienes representan esa constante sensación de no ser suficiente. El rechazo repetido termina vaciando relaciones, familias, equipos de trabajo, comunidades enteras.

“El rechazo cansa y aleja” no es una amenaza, es un aviso. Todos podemos fallar alguna vez, tardarnos en contestar, estar de malas y no tener ganas de hablar. Pero cuando volvemos hábito el desaire, la burla, el silencio selectivo, estamos cavando una distancia que después nos sorprende: “¿por qué ya casi no me busca?”, “¿por qué se fue alejando?”. Tal vez la respuesta no sea tan misteriosa. Cuidar pequeños gestos de respeto —contestar con honestidad, no hablar mal a espaldas, no mirar por encima del hombro— es una forma muy simple, pero muy seria, de decirle al otro: “tu presencia aquí sí cuenta”.

Reflexión en preguntas

• ¿Hay alguien en tu vida a quien, sin darte cuenta, hayas acostumbrado al desaire o al silencio en lugar de una respuesta honesta?
• ¿En qué momentos participas en conversaciones donde se habla de alguien que no está, de una forma que tú mismo no aceptarías si fueras la persona mencionada?
• ¿Has sentido en carne propia el cansancio de insistir donde solo recibes rechazo? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?

Desde lo aprendido

• El rechazo no siempre se expresa con gritos; a veces se manifiesta en silencios, desaires y exclusiones sutiles.
• No responder mensajes o evitar un mínimo de cortesía comunica más de lo que creemos.
• Hablar de alguien a sus espaldas sin cuidar su dignidad también es una forma de rechazo.
• El elitismo y la sensación de “ser más” terminan desgastando vínculos y alejando a personas valiosas.
• Cuidar pequeños gestos de respeto y reconocimiento puede sostener relaciones que, de otro modo, se irían apagando.

Lecturas recomendadas

• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido

Conclusión

“El rechazo cansa y aleja” nos recuerda algo muy sencillo y muy serio: nadie soporta por mucho tiempo sentirse invisible, menospreciado o usado como tema de conversación. Podemos equivocarnos, claro, pero también podemos elegir responder, mirar a los ojos, cuidar la manera en que hablamos del otro. No se trata de agradar a todo el mundo, sino de no despojar de dignidad a nadie. Al final, los vínculos que se quedan son los que encuentran, una y otra vez, pequeñas formas de decir: “aquí no eres perfecto, pero sí eres bienvenido”.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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