Antonio David Martinez Vessi

El secreto de las diferencias es saber lidiar con ellas

Publicado el 11 noviembre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

Las diferencias no son el problema; el problema es la torpeza con la que a veces las manejamos. En el trabajo, dos colegas pueden querer lo mismo—un proyecto que salga bien—y pelear por caminos distintos como si fuera una guerra santa. En casa pasa igual: uno necesita silencio, otro música; uno planifica, otro improvisa. Daniel Goleman recordaría que la emoción desbordada nubla el juicio: si bajamos el volumen emocional, vemos mejor el mapa y elegimos sin lastimar.

También nos ayudan las reglas sencillas. Don Miguel Ruiz propone no tomar nada como personal y usar la palabra impecable. En la práctica suena así: “No estoy en contra de ti; estoy a favor de esta forma de hacerlo por estas razones” y luego callar para escuchar de verdad. Cuando cambiamos el “a ver quién gana” por “a ver cómo avanzamos”, la conversación deja de ser ring y se vuelve mesa de trabajo.

En la vida diaria, lo que funciona es pactar: tiempos, responsabilidades y límites claros. Hemos visto discusiones eternas resolverse con una hoja simple: qué haremos, quién lo hace, cuándo, y qué pasa si algo se atora. Humor breve ayuda: una broma ligera baja hombros tensos y nos recuerda que estamos del mismo lado. No se trata de borrar diferencias, sino de volverlas útiles: tú traes precisión, yo traigo ritmo; que cada quien aporte lo suyo.

Lidiar bien con las diferencias requiere tres hábitos: respirar antes de responder, traducir la intención (¿qué valor cuido?) y acordar el siguiente paso. Con eso, los desacuerdos dejan de drenar y empiezan a construir. No es magia; es oficio.

Reflexión en preguntas


• ¿Qué valor estoy defendiendo de fondo (seguridad, orden, rapidez) y cuál defiende la otra persona?
• ¿Qué frase breve y limpia podría decir hoy para abrir diálogo en vez de cerrarlo?
• ¿Cuál es el siguiente paso concreto que nos pondría a trabajar juntos?

Desde lo aprendido


• Bajar la emoción primero, hablar después.
• Nombrar el desacuerdo sin juicio y pedir la versión del otro.
• Acordar por escrito “qué, quién, cuándo”.
• Separar persona de problema: somos equipo contra el asunto.
• Cerrar la charla con resumen y fecha de revisión.

Lecturas recomendadas


• Daniel Goleman — Inteligencia emocional.
• Don Miguel Ruiz — Los cuatro acuerdos.

Conclusión


Las diferencias no se extinguen: se gestionan. Cuando aprendemos a lidiar con ellas, dejan de ser obstáculo y se vuelven combustible para avanzar mejor y más juntos.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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