antonio david martinez vessi

El sentido reduce la ansiedad porque ordena la experiencia

Publicado el 6 enero, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Muchas veces la ansiedad aparece como esa sensación de que todo está revuelto: pendientes, preocupaciones, noticias, expectativas ajenas y propias. No siempre es que tengamos “demasiado” encima, sino que lo que vivimos no parece conectar con nada más grande. Cuando sentimos que solo estamos apagando fuegos, el día se vuelve una lista de tareas sin hilo conductor. En cambio, cuando algo tiene sentido —aunque sea cansado, aunque implique esfuerzo— se acomoda distinto en el corazón. Viktor Frankl lo decía con claridad: no sufrimos tanto por lo que pasa, sino por no encontrarle un para qué. El mismo trabajo, la misma rutina o la misma dificultad se sienten menos pesadas cuando entendemos qué están aportando a nuestra historia.

Daniel Goleman, desde la inteligencia emocional, nos ayuda a ver que la ansiedad también se alimenta de la sensación de falta de control. Cuando no sabemos por qué hacemos lo que hacemos, el cuerpo se queda en estado de alerta; parece que cualquier cosa puede desbordarnos. El sentido no elimina los retos, pero les da un lugar: esto pertenece a mi aprendizaje, esto es solo ruido, esto lo puedo soltar. Es como ordenar un cuarto muy tirado; la ropa sigue ahí, los objetos siguen ahí, pero al darles sitio la mente descansa. Cuando sabemos que el esfuerzo de hoy está conectado con algo que elegimos —cuidar a alguien, sostener un proyecto, crecer por dentro—, lo que antes se vivía como carga empieza a sentirse más como camino.

Eckhart Tolle insistiría en la importancia de estar presentes en lo que hacemos, y el sentido nos ayuda justamente a eso. No se trata de inventar discursos grandiosos para cada actividad, sino de recordar, de vez en cuando, qué estamos honrando con lo que hacemos: tal vez el valor de la responsabilidad, tal vez el deseo de ofrecer algo mejor a quienes vienen detrás, tal vez la simple decisión de cuidarnos un poco más que ayer. Cuando esa intención se vuelve clara, muchas experiencias dejan de sentirse como castigo y comienzan a percibirse como elección. La ansiedad baja porque, aunque el camino sea imperfecto, hay una dirección reconocible.

“El sentido reduce la ansiedad porque ordena la experiencia” nos invita a dejar de ver la vida como una suma de momentos inconexos. No podemos controlar todo lo que llega, pero sí podemos preguntarnos qué lugar ocupa en nuestra historia y qué queremos aprender de eso. A veces el sentido aparece rápidamente; otras veces tarda y se va revelando con los años. Mientras tanto, hacer este ejercicio de ordenar por dentro —esto lo sigo, esto ya no, esto lo acepto, esto lo agradezco— nos da un poco más de paz. No porque todo esté resuelto, sino porque ya no sentimos que estamos viviendo al azar.

Reflexión en preguntas

• ¿En qué parte de tu vida sientes más ansiedad justo ahora: trabajo, familia, salud, decisiones personales?
• Si miras con calma esa área, ¿qué sentido podrías darle a lo que estás viviendo, aunque todavía no te guste del todo?
• ¿Qué actividad diaria se aliviaría si recordaras con más frecuencia para qué la haces y a qué historia más grande contribuye?

Desde lo aprendido

• La ansiedad crece cuando sentimos que lo que vivimos no conecta con ningún propósito ni dirección.
• Encontrar sentido no borra el cansancio, pero lo hace más soportable porque le da un lugar en nuestra historia.
• Ordenar la experiencia es preguntarnos qué elegimos seguir cargando, qué podemos soltar y qué queremos aprender.
• Estar presentes es más fácil cuando recordamos el para qué de nuestras acciones, no solo el cómo y el cuánto.
• Una vida con sentido no es perfecta, pero se siente menos al azar y más alineada con lo que valoramos.

Lecturas recomendadas

• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Eckhart Tolle – El poder del ahora
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas

Conclusión

“El sentido reduce la ansiedad porque ordena la experiencia” nos recuerda que no todo pasa solo para incomodarnos; muchas cosas, si las miramos con otra luz, vienen a acomodar algo en nosotros. Cuando damos un paso atrás y buscamos el hilo que une lo que vivimos, el día deja de ser una secuencia de pendientes y se convierte en parte de un relato más amplio. Ahí, aun con dudas y tropiezos, la mente descansa un poco: no porque todo esté bajo control, sino porque empezamos a reconocer que hay un para qué en medio de lo que nos toca caminar.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

Ver todos los artículos de AD Mettā →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *