antonio david martinez vessi

El sufrimiento de soltar es temporal pero el de aferrarse es infinito

Publicado el 4 enero, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Hay despedidas que se sienten como si nos arrancaran algo del pecho: una relación que ya no camina, un proyecto que se agotó, una etapa de vida que se cerró sin pedir permiso. Soltar duele, y negarlo sería mentirnos. Ese primer vacío tiene su propio peso: noches en vela, recuerdos que se repiten, preguntas sin respuesta. Viktor Frankl diría que el dolor forma parte inevitable de la existencia; aparece cuando algo que era valioso se transforma o se pierde. Ese sufrimiento, aunque intenso, tiene una característica importante: si lo miramos de frente y lo dejamos pasar por nosotros, es temporal. No se va de un día para otro, pero sí tiene un ciclo.

Lo que se vuelve casi infinito es el sufrimiento de aferrarnos a lo que ya no está vivo: insistir en una relación donde el respeto se fue, sostener un trabajo que nos enferma, quedarnos en dinámicas donde siempre somos los últimos de la fila. Ahí el dolor ya no es solo por lo que pasó, sino por la resistencia a aceptar que pasó. Eckhart Tolle hablaría de ese punto donde el ego prefiere seguir aferrado a una historia conocida, aunque duela, antes que abrirse a lo desconocido. Nos contamos frases como “así soy”, “ya será diferente”, “solo necesito aguantar tantito más”, y el “tantito” se vuelve años. El sufrimiento se alarga porque cada día peleamos contra la realidad en lugar de dialogar con ella.

Wayne Dyer insistía en que la verdadera libertad empieza cuando dejamos ir lo que nos ata desde el miedo: el miedo a estar solos, a empezar de nuevo, a equivocarnos frente a la familia, al qué dirán. Soltar no significa que lo vivido no haya valido la pena; al contrario, muchas veces es reconocer que ya cumplió su función. Lo difícil es atravesar el tramo donde el corazón sigue queriendo quedarse y la vida ya está diciendo “es hora de seguir”. Ese tramo es el sufrimiento temporal del que habla la frase: lágrimas, nostalgia, sensación de pérdida. Pero si nos permitimos sentirlo con honestidad, sin maquillaje, poco a poco el peso se mueve y aparece un espacio nuevo que antes no se veía.

“ El sufrimiento de soltar es temporal pero el de aferrarse es infinito” no viene a romantizar el desprendimiento ni a señalar a quien todavía no está listo. Más bien nos recuerda que hay dolores que abren y dolores que cierran. El dolor de soltar abre posibilidades, aunque al principio todo parezca oscuro; el dolor de aferrarse cierra caminos, nos deja dando vueltas en los mismos conflictos una y otra vez. Tal vez la pregunta no sea “¿por qué me duele tanto?”, sino “¿este dolor me está ayudando a crecer o solo me mantiene atrapado en lo mismo?”. A veces, cuando nos atrevemos a soltar, descubrimos que lo que parecía infinito era el miedo… y que el sufrimiento, al ser reconocido, empieza por fin a tener final.

Reflexión en preguntas

• ¿Hay algo en tu vida a lo que sigas aferrado, aunque una parte de ti ya sabe que esa etapa se terminó?
• ¿Qué temores aparecen cuando imaginas soltar eso: soledad, juicio, incertidumbre económica, culpa?
• Si pensaras en un solo paso pequeño hacia el desprendimiento —interno o externo—, ¿cómo se vería en tu día a día?

Desde lo aprendido

• El dolor de soltar algo que fue importante es real, pero tiene un ciclo; si se permite sentir, con el tiempo se transforma.
• Aferrarse a lo que ya no tiene vida —relaciones, proyectos, versiones de nosotros mismos— puede prolongar el sufrimiento indefinidamente.
• Muchas veces nos quedamos por miedo: al cambio, a la mirada de otros, a enfrentar el vacío que aparece al principio.
• Soltar no borra el valor de lo vivido; reconoce que ya cumplió su propósito y que es momento de un siguiente capítulo.
• Preguntarnos si el dolor que sentimos nos está abriendo o encerrando puede ayudarnos a distinguir cuándo seguir y cuándo dejar ir.

Lecturas recomendadas

• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Eckhart Tolle – El poder del ahora
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos

Conclusión

“El sufrimiento de soltar es temporal pero el de aferrarse es infinito” nos coloca frente a una elección silenciosa: quedarnos pegados a lo que se fue o permitirnos atravesar el duelo para abrir espacio a algo nuevo. Ninguna de las dos rutas es fácil, pero solo una tiene la posibilidad de descanso al final. Cuando dejamos de pelear con la realidad y aceptamos que hay ciclos que terminan, el dolor ya no se vuelve enemigo, sino parte del camino. Y tal vez, con el tiempo, descubramos que soltar no fue perderlo todo, sino recuperar una parte de nosotros que llevaba demasiado tiempo retenida.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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