El tiempo no acomoda, más bien revela
Publicado el 8 enero, 2026 por
Antonio David Martínez Vessi
Muchas veces decimos “el tiempo lo acomodará todo” como si fuera una especie de borrador universal. Y sí, el paso de los días baja la intensidad de ciertos dolores, nos da perspectiva, nos permite tomar distancia. Pero conforme pasan los años, descubrimos algo incómodo: el tiempo no acomoda por sí solo lo que no queremos mirar, más bien lo revela. Lo que se posterga sin trabajar termina saliendo de otra forma: en un carácter cada vez más amargado, en una tristeza que se vuelve costumbre, en relaciones que repiten el mismo patrón. Viktor Frankl hablaba de cómo, ante el sufrimiento, siempre estamos decidiendo algo, aunque sea en silencio. El tiempo pasa… pero nuestra forma de responder ante lo que pasa es lo que va mostrando quién somos.
En las relaciones ocurre lo mismo. Creemos que con el tiempo ciertas fricciones se van a diluir, que la falta de respeto “se le va a quitar”, que el desinterés “es una etapa”, que ese enojo que no decimos “no es tan grave”. Y el tiempo, lejos de esconderlo, lo termina amplificando. Las pequeñas faltas de cuidado se convierten en distancia, las evasiones se transforman en muros, lo que no se habló a tiempo termina definiendo la relación. Daniel Goleman, desde la inteligencia emocional, nos recuerda que no basta con dejar pasar los días; necesitamos hacernos cargo de lo que sentimos y de cómo lo expresamos. El tiempo solo revela si elegimos enfrentar las conversaciones difíciles o seguirlas empujando para después.
También pasa con nosotros mismos. Hay hábitos, miedos o creencias que dejamos “para luego”, confiando en que el tiempo nos hará menos exigentes, menos reactivos, menos duros con nosotros. Pero el tiempo, si no hay trabajo interno, solo consolida la versión que ya traíamos. Eckhart Tolle insistiría en que el presente es el único lugar donde realmente podemos transformar algo; el futuro no trae cambios mágicos, solo agranda lo que hoy estamos alimentando. La impaciencia, la gratitud, la ternura, el ego, la generosidad… con los años no desaparecen ni aparecen porque sí: se van fortaleciendo según las decisiones pequeñas que tomamos todos los días.
“El tiempo no acomoda, más bien revela” es, en el fondo, una invitación a dejar de posponer lo importante confiando en que los años lo arreglarán. El tiempo nos da oportunidad, sí, pero no hace el trabajo por nosotros. Somos nosotros quienes, con cada paso, vamos decidiendo qué versión de nosotros se va a ver más clara con los años: la que se cierra o la que aprende, la que culpa o la que asume, la que solo espera o la que, aunque sea de a poquito, elige moverse. Tal vez la pregunta no sea “¿qué hará el tiempo conmigo?”, sino “¿qué estoy construyendo hoy que el tiempo va a dejar al descubierto?”.
Reflexión en preguntas
• ¿Qué conflicto, hábito o herida has estado dejando “para que el tiempo lo acomode” y, si eres honesto, ya empezó a revelarse en tu carácter o en tus relaciones?
• Si pensaras en la versión de ti que quieres que se vea con los años, ¿qué cosas tendrías que empezar a trabajar hoy para acercarte a ella?
• ¿Qué conversación pendiente, aunque incómoda, podría evitar que el tiempo termine revelando algo que hoy todavía se puede sanar?
Desde lo aprendido
• El tiempo por sí solo no resuelve; solo hace más visibles los patrones que elegimos mantener.
• Lo que no se atiende en el presente suele reaparecer en forma de distancia, resentimiento o cansancio acumulado.
• Las pequeñas decisiones diarias —cómo hablamos, cómo ponemos límites, cómo nos tratamos— son las que el tiempo termina revelando.
• Podemos aprovechar el paso de los años como aliado si lo acompañamos de trabajo interno y conversaciones honestas.
• Preguntarnos qué versión de nosotros estamos alimentando hoy es una forma de tomar responsabilidad sobre lo que el tiempo mostrará mañana.
Lecturas recomendadas
• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Eckhart Tolle – El poder del ahora
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
Conclusión
“El tiempo no acomoda, más bien revela” nos devuelve la responsabilidad sin quitarnos la esperanza. No se trata de temerle a los años, sino de usarlos a favor de la persona que queremos llegar a ser. Si dejamos todo en manos del tiempo, lo que no se trabajó saldrá igual, solo que más marcado. Si, en cambio, aprovechamos cada etapa para ajustar, sanar y aprender, el tiempo se vuelve un aliado que va mostrando con más claridad lo mejor de nosotros. Al final, lo que el tiempo revele no será azar: será la huella acumulada de muchas pequeñas decisiones tomadas, una y otra vez, en el hoy.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
Ver todos los artículos de AD Mettā →