La flojera tiene costos silenciosos
Publicado el 17 enero, 2026 por
Antonio David Martínez Vessi
Con el paso del tiempo vamos descubriendo que no todos los gastos hacen ruido. Hay costos que no llegan como un golpe, sino como un goteo constante que casi no se nota. La flojera es uno de ellos. No aparece como una gran decisión, sino como pequeños “hoy no”, “mejor pido”, “luego veo eso”. Son elecciones mínimas, casi invisibles, que tomamos por cansancio, por comodidad o simplemente por no querer complicarnos el día. El problema no es uno solo de esos momentos, sino la suma de todos ellos cuando miramos hacia atrás.
Wayne Dyer hablaba de cómo muchas veces actuamos en automático, dejando que la inercia decida por nosotros. No siempre gastamos por necesidad real, sino por evitar el esfuerzo físico o mental que algo nos exige. Salir por la comida, preparar algo sencillo, comparar precios, organizar el tiempo. Cada una de esas acciones requiere energía, y cuando estamos cansados preferimos pagar para no usarla. El costo no se siente inmediato, pero se va acumulando sin pedir permiso.
Don Miguel Ruiz nos invita a observarnos sin juicio, y eso también aplica aquí. No se trata de culparnos por cada gasto ni de vivir en una austeridad rígida. Se trata de notar cuándo estamos usando el dinero para compensar el cansancio o la falta de atención. Eckhart Tolle diría que muchas decisiones se toman desde la inconsciencia del momento, sin darnos cuenta de por qué hacemos lo que hacemos. Cuando estamos presentes, podemos elegir distinto; cuando no, la flojera decide por nosotros.
“La flojera tiene costos silenciosos” no es una crítica, es una invitación a mirar con honestidad. No solo en lo económico, sino también en lo personal. Cuántas conversaciones evitamos, cuántas decisiones postergamos, cuántos hábitos dejamos para después por no querer incomodarnos un poco hoy. A veces lo que parece comodidad inmediata termina siendo un peso más grande a largo plazo. Recuperar pequeñas acciones conscientes puede ser una forma sencilla de cuidar no solo el dinero, sino también nuestra energía y nuestra claridad.
Reflexión en preguntas
- ¿En qué gastos pequeños notas que la comodidad suele decidir por ti?
- ¿Cuántas veces pagas por evitar una incomodidad momentánea?
- Si prestaras más atención a esas decisiones diarias, ¿qué cambiaría en tu mes?
Desde lo aprendido
- No todos los costos se sienten al momento; muchos se acumulan en silencio.
- La flojera no siempre es pereza, a veces es cansancio no atendido.
- La comodidad constante suele tener un precio mayor del que imaginamos.
- Ser conscientes de pequeñas decisiones diarias puede traer grandes alivios.
- Elegir con atención no es castigarnos, es cuidarnos mejor.
Lecturas recomendadas
- Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
- Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
- Eckhart Tolle – El poder del ahora
- Daniel Goleman – Inteligencia emocional
Conclusión
La flojera no se presenta como un problema grave, sino como una salida fácil que parece inofensiva. Pero cuando no la observamos, va dejando rastros: en el dinero, en el tiempo, en la calidad de nuestras decisiones. No se trata de vivir con rigidez ni de exigirnos más de la cuenta, sino de recuperar un poco de conciencia en lo cotidiano. Tal vez ahí, en esos detalles simples que hoy evitamos, esté una forma más amable y responsable de vivir.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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