La riqueza infinita no tiene sentido en una vida finita
Publicado el 30 noviembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
Vivimos en una cultura donde “más” casi siempre parece mejor: más ingresos, más propiedades, más proyectos en marcha. Sin embargo, cuando miramos con calma la frase “La riqueza infinita no tiene sentido en una vida finita”, algo se acomoda por dentro. Nuestra vida tiene límites muy claros: tiempo, energía, salud, relaciones. Wayne Dyer recordaba que el verdadero problema no es tener cosas, sino creer que nuestro valor depende de acumularlas. Si la vida es finita, seguir corriendo sin preguntarnos cuánto es “suficiente” nos puede llevar a gastar lo único verdaderamente irrecuperable: nuestro tiempo consciente.
Stephen Covey habla de la importancia de poner primero lo primero: priorizar lo que da sentido a nuestra existencia y no solo lo que llena la agenda o la cuenta bancaria. Cuando no tenemos claro cuál es nuestro “suficiente”, el deseo se vuelve un vaso sin fondo: cada logro abre la puerta a otro, cada cifra alcanzada se vuelve pequeña frente a la siguiente meta. Entonces el “tener” ocupa el lugar del “ser”, y la vida se reduce a una carrera donde nadie sabe bien cuál es la meta. Desde ahí, incluso la abundancia puede sentirse vacía, porque nunca hay permiso para detenernos a disfrutar.
Eckhart Tolle subraya la importancia de habitar el presente: la capacidad de estar realmente aquí mientras vivimos, amamos, descansamos y compartimos. Si todo está orientado a un “más” que nunca llega, el ahora se vuelve solo un trámite incómodo. La frase nos invita a hacer una pregunta incómoda pero liberadora: ¿qué nivel de tranquilidad económica, de seguridad y de opciones sería suficiente para vivir la vida que queremos, no la que otros esperan de nosotros? Cuando esa medida se define desde adentro, la riqueza deja de ser una persecución infinita y se convierte en una herramienta al servicio de la vida, no al revés.
Saber cuál es nuestro “suficiente” no significa renunciar a crecer, sino aclarar para qué queremos crecer. Podemos seguir mejorando, aprendiendo, creando valor, pero sin sacrificar todo en el altar de una riqueza que nunca completamos. Una vez alcanzado ese punto donde nuestros básicos están cubiertos y podemos sostener dignamente nuestro proyecto de vida, la invitación es clara: empezar a disfrutar. Dedicar tiempo a la salud, a las relaciones, a la contemplación, a lo que nos da alegría sin necesidad de etiqueta de éxito. En una vida finita, tal vez la verdadera riqueza esté menos en la cantidad y más en la calidad consciente de cómo la vivimos.
Reflexión en preguntas
• ¿Tienes una idea clara de cuánto es “suficiente” para ti en términos de dinero, tiempo y tranquilidad, o solo sigues la idea general de “más es mejor”?
• ¿En qué momentos has sacrificado salud, relaciones o paz interior por perseguir metas económicas que quizá no habías cuestionado?
• Si hoy ya tuvieras cubierto ese “suficiente”, ¿qué cambios harías en tu forma de vivir, de trabajar y de relacionarte con los demás?
Desde lo aprendido
• Perseguir riqueza sin límite en una vida limitada puede llevarnos a descuidar aquello que no se puede recuperar: tiempo, salud y presencia.
• Definir nuestro “suficiente” nos ayuda a poner al dinero en su lugar: una herramienta, no el centro de nuestra identidad.
• Cuando el “tener” se equilibra con el “ser”, la abundancia se experimenta como libertad y no como presión constante.
• Aclarar para qué queremos crecer económicamente nos protege de vivir en automático según expectativas ajenas.
• Llegar a nuestro “suficiente” abre la puerta a una nueva tarea: aprender a disfrutar sin culpa, haciendo espacio para el descanso, la conexión y la gratitud.
Lecturas recomendadas
• Wayne Dyer – “Tus zonas erróneas”
• Stephen R. Covey – “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”
• Eckhart Tolle – “El poder del ahora”
• Don Miguel Ruiz – “Los cuatro acuerdos”
Conclusión
“La riqueza infinita no tiene sentido en una vida finita” nos recuerda que la clave no está en negar el valor del dinero, sino en colocarlo en su justa proporción. Cuando definimos nuestro “suficiente” desde la honestidad y no desde la comparación, dejamos de correr por inercia y empezamos a orientar nuestros esfuerzos hacia una vida más plena. A partir de ahí, la verdadera tarea ya no es solo acumular, sino aprender a vivir, a compartir y a disfrutar con conciencia el tiempo limitado que tenemos.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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