Los juguetes se pierden, pero los recuerdos no
Publicado el 21 enero, 2026 por
Antonio David Martínez Vessi
Con el paso del tiempo vamos entendiendo algo que de niños no veíamos con tanta claridad: muchas cosas que parecían importantes terminan guardadas, olvidadas o simplemente perdidas. Los juguetes se rompen, se extravían o dejan de interesarnos, pero hay algo que permanece intacto incluso cuando los años avanzan: los recuerdos. Esos momentos vividos, las risas compartidas, las experiencias que nos marcaron no ocupan espacio físico, pero sí un lugar profundo en nuestra historia personal.
Viktor Frankl hablaba de que el sentido de la vida no se encuentra en lo que poseemos, sino en lo que experimentamos y en el significado que damos a esas vivencias. Wayne Dyer también recordaba que solemos confundir el valor con el precio, creyendo que dar más cosas es dar más amor. Sin embargo, muchas veces lo que más recordamos no fue el objeto, sino la emoción que lo acompañó: una tarde juntos, un viaje sencillo, una conversación sin prisas.
Don Miguel Ruiz nos invita a vivir con más conciencia, y eso incluye revisar en qué estamos poniendo nuestra atención y nuestros recursos. Las experiencias nos transforman; las cosas solo nos acompañan por un tiempo. Eckhart Tolle diría que los recuerdos valiosos nacen de la presencia: de estar realmente ahí, sin distracciones, compartiendo el momento. No se trata de negar lo material, sino de no permitir que sustituya lo esencial.
“Los juguetes se pierden, pero los recuerdos no” es un recordatorio sencillo, pero poderoso. La vida no se mide por lo que acumulamos, sino por lo que vivimos y sentimos. Dar prioridad a las experiencias es elegir sembrar algo que el tiempo no puede borrar. Al final, cuando las cosas ya no están, los recuerdos siguen contando nuestra historia y dándole sentido a lo que hemos sido y a lo que seguimos siendo.
Reflexión en preguntas
- ¿Qué recuerdos de tu infancia o de tu vida adulta siguen vivos aunque los objetos ya no estén?
- ¿En qué momentos has sentido más conexión: recibiendo algo o viviendo algo?
- ¿Qué experiencia sencilla podrías priorizar hoy por encima de una cosa material?
Desde lo aprendido
- Las cosas pasan; las experiencias dejan huella.
- El valor de un momento no se mide en dinero, sino en presencia.
- Compartir tiempo crea recuerdos que acompañan toda la vida.
- Lo material se desgasta; lo vivido se integra a nuestra historia.
- Priorizar experiencias es una forma profunda de elegir lo esencial.
Lecturas recomendadas
- Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
- Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
- Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
- Eckhart Tolle – El poder del ahora
Conclusión
Los juguetes, los objetos y las cosas cumplen su ciclo, pero los recuerdos se quedan como testigos silenciosos de lo que realmente importó. Al mirar atrás, rara vez recordamos lo que tuvimos, pero sí cómo nos sentimos, con quién estábamos y qué aprendimos en el camino. Dar prioridad a las experiencias no es un lujo; es una inversión en aquello que el tiempo, por más que avance, no puede arrebatarnos.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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