No hablar mal de los demás habla muy bien de ti
Publicado el 9 diciembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
A muchos nos enseñaron, casi sin palabras, que hablar de otros es parte del paisaje: la sobremesa, la oficina, el chat del grupo, la familia. Criticar se vuelve un deporte ligero, hasta divertido. Pero con el tiempo notamos algo incómodo: cada vez que participamos en ese juego, nos quedamos con una sensación rara por dentro. No solo se desgasta la confianza con los demás, también se desgasta la que tenemos con nosotros mismos. Don Miguel Ruiz, en Los cuatro acuerdos, habla de ser impecables con la palabra; no por moralismo, sino porque cada palabra que usamos va moldeando el tipo de persona en la que nos estamos convirtiendo.
Cuando evitamos hablar mal de otros, aunque tengamos “razones”, estamos eligiendo una forma distinta de relacionarnos con el mundo. Daniel Goleman diría que ahí entra en juego la inteligencia emocional: reconocemos el impulso de desahogarnos por la vía fácil, pero elegimos otra cosa. Tal vez hablar directo con la persona, tal vez poner un límite, tal vez simplemente guardar silencio y no alimentar el fuego. No es que nos volvamos santos; es que empezamos a notar el costo interno de usar la crítica como moneda diaria. De pronto ya no se siente tan ligero decir “yo nomás digo”, porque sabemos que esas palabras construyen ambiente… o lo envenenan.
Wayne Dyer insistía en que lo que decimos de otros habla más de nuestro mundo interior que de ellos. Cuando nos descubrimos constantemente señalando defectos, chismes o errores ajenos, quizá sea señal de algo que no queremos mirar en nosotros mismos: una frustración, una envidia, una herida vieja. Decidir no hablar mal no es tapar injusticias ni hacer como que nada pasa; es elegir con cuidado desde dónde hablamos y qué queremos sembrar. Podemos expresar desacuerdos, poner límites, denunciar lo que es necesario… sin convertir a las personas en tema de entretenimiento. Eso, con el tiempo, fortalece algo silencioso pero muy poderoso: el respeto propio.
En un entorno donde el comentario hiriente es rápido, donde el chisme se comparte más que la gratitud y donde muchas conversaciones parecen “sala de juicio”, elegir no hablar mal es casi un acto contracorriente. Pero se nota. La gente confía más, se abre distinto, siente que con nosotros no es material para burla ni tema de pasillo. Y eso, aunque nadie lo aplauda en redes, habla muy bien de nosotros. No porque seamos perfectos, sino porque estamos intentando ser congruentes entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que dejamos salir por la boca.
Reflexión en preguntas
• ¿En qué tipo de situaciones sueles caer más fácil en hablar mal de alguien: trabajo, familia, grupo de amigos, redes sociales?
• ¿Qué sientes por dentro después de participar en una conversación donde se descalifica o ridiculiza a alguien que no está presente?
• Si hoy decidieras reducir un poco el chisme en tu vida, ¿por dónde podrías empezar sin dejar de ser honesto ni tragarte todo en silencio?
Desde lo aprendido
• La forma en que hablamos de los demás refleja, en buena medida, cómo está nuestro mundo interno.
• El chisme y la crítica constante pueden dar sensación de desahogo rápido, pero suelen dejarnos vacíos o culpables después.
• Ser “impecable con la palabra”, como propone Don Miguel Ruiz, no es perfeccionismo, es responsabilidad afectiva.
• Podemos expresar desacuerdos y poner límites sin convertir a las personas en tema de entretenimiento.
• No hablar mal de los demás construye confianza alrededor y fortalece el respeto que sentimos por nosotros mismos.
Lecturas recomendadas
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Eckhart Tolle – El poder del ahora
Conclusión
“No hablar mal de los demás habla muy bien de ti” no pretende negar que haya conflictos reales, personas difíciles o situaciones injustas. Lo que propone es algo más fino: cuidar el modo en que usamos la palabra cuando el otro no está presente. Cada vez que elegimos no sumarnos a la descalificación, vamos tallando una identidad más limpia y coherente. Tal vez nadie nos dé un reconocimiento por eso, pero se nota en el ambiente que generamos y, sobre todo, en la paz con la que podemos mirarnos al espejo al final del día.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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