antonio david martinez vessi

No hay miedo que aguante el primer paso

Publicado el 16 diciembre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

A veces pensamos que el miedo es una muralla, pero en realidad suele ser una puerta mal cerrada. Se ve pesada desde lejos, se siente eterna en la cabeza, y por eso la mente se vuelve experta en posponer: “mañana”, “cuando esté listo”, “cuando no me dé nervio”. Pero el miedo tiene un defecto de fábrica: vive de lo que imaginamos, no de lo que hacemos.

Cuando damos el primer paso, no es que la vida se vuelva perfecta; es que el miedo pierde su mejor truco: hacernos creer que no podemos movernos. Wayne Dyer insistía en que el cambio no llega porque entendemos más, sino porque decidimos actuar distinto; y esa decisión casi siempre inicia pequeño, como una microacción que contradice el drama interno. El miedo se alimenta de pausa; la acción lo pone a dieta.

Don Miguel Ruiz nos recordaría que muchas de nuestras reacciones nacen de acuerdos viejos: “si me equivoco, valgo menos”, “si me ven nervioso, pierdo respeto”. Esos acuerdos convierten un paso simple en una escena de película. Pero cuando caminamos, aunque sea temblando, rompemos el contrato. Y en ese instante, la realidad suele ser menos cruel que nuestra imaginación.

Eckhart Tolle lo diría más simple: el miedo casi siempre está en el futuro, y el primer paso ocurre en el presente. El cuerpo se mueve aquí, no en el “¿y si…?”. Por eso, el primer paso no es valentía heroica: es presencia aplicada. El miedo no desaparece por permiso; desaparece por práctica. Y sí, a veces el primer paso se siente torpe… como cuando uno quiere correr sin haber amarrado los zapatos. Pero igual se avanza.

Reflexión en preguntas

  • ¿Qué parte de mi miedo es real y qué parte es una historia que repito por costumbre?
  • Si hoy diera un primer paso mínimo, ¿cuál sería sin convertirlo en “todo o nada”?
  • ¿Qué estoy protegiendo con mi miedo: mi paz… o mi imagen?

Desde lo aprendido

  • Podríamos tratar el primer paso como un “experimento”, no como un examen de vida o muerte.
  • Tal vez nos convenga elegir un paso tan pequeño que el miedo no tenga argumentos “serios” para frenarlo.
  • Podemos observar el miedo sin obedecerlo: escucharlo, pero no convertirlo en jefe.
  • Quizá el progreso no se mida por ausencia de miedo, sino por presencia de movimiento.
  • Nos puede servir volver al presente: una acción concreta ahora, en vez de mil escenarios imaginados.

Lecturas recomendadas

  • Wayne Dyer — Tus zonas erróneas
  • Don Miguel Ruiz — Los cuatro acuerdos
  • Eckhart Tolle — El poder del ahora
  • Daniel Goleman — Inteligencia emocional

Conclusión

“No hay miedo que aguante el primer paso” no promete que todo será fácil; promete algo más realista: que el miedo pierde fuerza cuando dejamos de negociar con él y empezamos a caminar. El primer paso no discute, no justifica, no pide permiso. Solo ocurre. Y cuando ocurre, el miedo entiende el mensaje: aquí no mandas tú.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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