No todo abrazo tiene un calor real
Publicado el 11 diciembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
Nos enseñaron que el amor “se ve”: en los abrazos largos, en los besos, en los “feliz cumpleaños” dichos en voz alta. Y sí, todo eso puede ser muy valioso. Pero con el tiempo descubrimos algo que no cabe en el molde: hay personas que casi no abrazan, no son de decir palabras bonitas, no hacen ruido… y aun así sostienen media vida con lo que hacen por nosotros. Crecimos quizá pensando que algo estaba mal en ellas, que eran frías o distantes. Luego miramos hacia atrás y nos damos cuenta de que nunca faltó un plato en la mesa, una ayuda silenciosa, una lealtad sin condiciones. Viktor Frankl diría que el amor profundo muchas veces se reconoce más en los actos que en los gestos visibles; no todo calor viene envuelto en efusividad.
También está el otro lado: abrazos que se ven perfectos hacia afuera, pero por dentro se sienten vacíos. Personas que sonríen, te llaman “mi amigo”, te rodean con los brazos… y sin embargo algo en ti percibe que hay distancia, interés o cálculo. Daniel Goleman, desde la inteligencia emocional, nos recuerda que el cuerpo puede imitar un gesto, pero el corazón no siempre lo acompaña. Es ese abrazo que dura lo justo para la foto, pero no alcanza a tocar el alma. En palabras de Wayne Dyer, es la diferencia entre vivir desde la autenticidad o desde la apariencia. Podemos estar físicamente cerca y, al mismo tiempo, internamente muy lejos.
Y luego están esos seres que casi no se toman fotos, no usan frases ruidosas, no se declaran a cada rato… pero si los miras bien, todo lo que hacen viene del corazón. No piden nada a cambio, no traicionan su palabra, cuidan a los suyos en silencio. Tal vez nunca dijeron “te quiero”, pero trabajaron años para que no te faltara lo esencial. Don Miguel Ruiz hablaría ahí de impecabilidad: gente que no derrocha discurso, pero cuya vida está alineada con su amor. Su abrazo quizá fue escaso, pero su presencia fue constante. Cuando los entendemos, algo dentro de nosotros se ablanda: vemos que hay amores discretos, nada románticos a la vista, pero profundamente honorables.
“No todo abrazo tiene un calor real” no viene a desconfiar de todos los gestos afectivos, sino a invitarnos a mirar más hondo. Agradecer los abrazos sinceros que nos regala la vida y, al mismo tiempo, honrar a esas personas que quizá nunca fueron muy expresivas, pero jamás dejaron de estar. También nos confronta a nosotros: ¿nuestros gestos coinciden con nuestro corazón o solo estamos repitiendo formas vacías? Al final, de poco sirve apretar fuerte los brazos si no nos atrevemos a poner verdad, lealtad y cuidado en lo que hacemos cada día por los demás.
Reflexión en preguntas
• ¿Hay alguien en tu historia que casi nunca fue expresivo, pero cuyo amor hoy reconoces en todo lo que hizo en silencio por ti?
• ¿Has sentido alguna vez un abrazo o un gesto amable que, por dentro, se percibía más como compromiso social que como cariño real?
• Si miras tu manera de dar afecto, ¿qué tanto coincide lo que muestras hacia afuera con lo que realmente sientes y decides por dentro?
Desde lo aprendido
• El amor no siempre se expresa como esperamos; a veces viene envuelto en acciones silenciosas y cotidianas.
• Un abrazo puede verse perfecto hacia afuera y, sin embargo, no tener un calor auténtico detrás.
• Hay personas poco expresivas que, aun así, viven con una lealtad y un sentido del honor profundos.
• La inteligencia emocional también es aprender a leer la intención y la congruencia, no solo el gesto.
• Más importante que la cantidad de muestras de cariño es la verdad que hay detrás de cada una.
Lecturas recomendadas
• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
Conclusión
“No todo abrazo tiene un calor real” nos recuerda que el amor no siempre hace ruido, ni siempre se acomoda a lo convencional. Hay abrazos que abrigan y otros que solo cumplen con la forma; hay silencios que ocultan frialdad y otros que contienen un cariño enorme. Tal vez el reto esté en aprender a reconocer y agradecer esos amores discretos pero fieles, y al mismo tiempo cuidar que nuestros propios gestos no se queden en apariencia. Que, cuando abracemos, lo hagamos con el cuerpo… y también con la verdad de nuestro corazón.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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