Que tu comunicación genere cohesión y no división
Publicado el 5 diciembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
A lo largo del día decimos muchas cosas sin darnos cuenta del efecto que tienen. No solo comunicamos ideas, también comunicamos qué pensamos del otro y de nosotros mismos. Nuestras palabras pueden ser puente o muro. Muchas veces sentimos que “tenemos la razón”, pero la forma en que la decimos rompe el vínculo. Como plantean autores como Daniel Goleman y Wayne Dyer, no basta con tener buenos argumentos; si hablamos desde el enojo, el miedo o el orgullo, el mensaje llega como ataque, no como diálogo.
Cuando nuestra comunicación nace de la necesidad de ganar, corregir o exhibir, es fácil que aparezcan etiquetas y generalizaciones: “siempre haces lo mismo”, “nunca me escuchas”. Ahí dejamos de hablar del tema y empezamos a hablar del ego. Don Miguel Ruiz habla de ser impecables con la palabra, no como perfección rígida, sino como conciencia de que lo que decimos construye realidad emocional. Si usamos la palabra para dividir, terminamos rodeados de defensas. Si la usamos para entender, empezamos a generar cohesión, incluso cuando no pensamos igual.
Generar cohesión no significa evitar los desacuerdos ni tragar lo que sentimos. Significa aprender a expresarnos con firmeza y respeto a la vez. A veces eso implica cambiar el enfoque de “tú” a “yo”: en lugar de “tú me haces sentir…”, pasar a “yo me siento así cuando pasa esto”. También implica escuchar de verdad, no solo esperar nuestro turno para responder. Cuando nos damos ese espacio, la conversación baja de tono, y lo que antes era campo de batalla se convierte en un lugar donde podemos poner límites, aclarar cosas pendientes y seguir siendo equipo. Marshall Rosenberg, con la comunicación no violenta, lo resume bien: hablar desde la honestidad y la empatía al mismo tiempo.
Si cuidamos cómo hablamos, no solo bajan los conflictos, también sube la confianza. Las personas sienten que pueden acercarse a nosotros sin miedo a ser ridiculizadas o juzgadas. Y nosotros mismos empezamos a vivir más ligeros, porque ya no usamos la conversación para descargar todo lo que traemos acumulado, sino para construir. Nuestra voz deja de ser un instrumento de división y se convierte en un espacio donde otros pueden mostrar su verdad sin sentir que pierden.
Reflexión en preguntas
• ¿En qué tipo de conversaciones notas que tu forma de hablar rompe más puentes de los que quisieras?
• ¿Qué pasaría si, en tu próxima discusión, cambiaras el “tú siempre / tú nunca” por “yo siento / yo necesito”?
• ¿Con quién te gustaría empezar a practicar una comunicación que una, aunque sigan existiendo diferencias?
Desde lo aprendido
• La manera en que hablamos puede acercar o alejar, más allá de que “tengamos razón” o no.
• La comunicación que genera cohesión combina honestidad con respeto: decimos lo que pensamos, pero cuidando no descalificar al otro.
• Escuchar con presencia es parte esencial de una comunicación que une; sin escucha real, solo intercambiamos monólogos.
• Cambiar el foco de la culpa al diálogo (“¿cómo lo resolvemos?”) reduce la sensación de estar en bandos opuestos.
• Cada conversación es una oportunidad de elegir si queremos sumar claridad y vínculo, o aumentar la división.
Lecturas recomendadas
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
• Marshall B. Rosenberg – Comunicación no violenta
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
Conclusión
Cuando decimos “Que tu comunicación genere cohesión y no división”, no estamos hablando de volvernos perfectos al hablar, sino de asumir que nuestras palabras tienen peso. Si empezamos a usarlas para entender, escuchar y construir, incluso los temas difíciles se pueden conversar sin destruir la relación. No controlamos cómo responde el otro, pero sí podemos decidir que, de nuestra parte, la palabra sea más puente que muro. Ahí es donde la comunicación se vuelve herramienta de unión y no de guerra diaria.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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