Antonio David Martinez Vessi

Si eliminas la vergüenza para preguntar sin duda crecerás

Publicado el 17 octubre, 2025 por

Antonio David Martínez Vessi

La vergüenza nos susurra que callar es más seguro: “mejor no preguntes para no quedar mal”. Pero cuando el silencio manda, el aprendizaje se detiene. Preguntar no nos hace menos; nos vuelve precisos. Decir “no entiendo” abre puertas que el ego mantiene cerradas, y nos ahorra años de suposiciones.

Daniel Goleman explica que regular la emoción —identificar la vergüenza, bajarle intensidad— permite elegir conductas más inteligentes: en lugar de escondernos, buscamos claridad. Stephen Covey recomienda “buscar primero comprender”: preguntas bien hechas que iluminan el problema y ordenan la acción. Y Wayne Dyer advierte que la necesidad de aprobación paraliza: cuando soltamos ese ancla, aparece la libertad de aprender en público.

Preguntar también es un acto de respeto: por el tiempo del otro y por lo que queremos construir juntos. Una duda clara ahorra retrabajos, mejora acuerdos y fortalece la confianza. Lo contrario —pretender que entendimos— suele salir caro: errores, fricciones y oportunidades perdidas.

Lo que quiero decir con la frase es simple: si sueltas la vergüenza, la pregunta te lleva más lejos que la pose. Habla con honestidad, pide precisión y confirma acuerdos. Menos “debo saberlo todo”, más “necesito entender esto para hacerlo bien”. Ahí está el crecimiento.

Reflexión en preguntas


— ¿En qué situación reciente preferí callar por vergüenza en lugar de pedir claridad?
— ¿Qué pregunta concreta necesito hacer hoy para avanzar con calidad?
— ¿Qué creencia sobre “quedar mal” puedo soltar para aprender mejor?

Desde lo aprendido


• Antes de una reunión, preparar tres preguntas específicas que aclaren objetivo, criterio de éxito y siguientes pasos.
• Usar una fórmula sencilla: “Para asegurar que lo haga bien, ¿me puedes precisar X con un ejemplo?”.
• Parafrasear acuerdos al cierre: “Entonces, haré A para el martes, con este estándar B”.
• Convertir cada error en aprendizaje preguntando “¿qué me faltó preguntar?”.
• Reconocer en público una buena pregunta de otro para normalizar el aprendizaje abierto.

Lecturas recomendadas


• La Inteligencia Emocional — Daniel Goleman
• Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva — Stephen R. Covey
• Tus Zonas Erróneas — Wayne Dyer
• Los Cuatro Acuerdos — Don Miguel Ruiz

Conclusión


La vergüenza encoge; la pregunta expande. Cuando elegimos claridad sobre apariencia, el trabajo mejora, los vínculos se fortalecen y el crecimiento se vuelve inevitable. Preguntar bien es una forma de valentía cotidiana.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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