Sin entusiasmo no hay desarrollo
Publicado el 30 agosto, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
El entusiasmo no es euforia ni ruido: es una dirección interna que hace que lo cotidiano tenga pulso. Cuando aparece, el aprendizaje se acelera y los tropiezos no se convierten en freno, sino en ajuste. Lo llamamos “desarrollo”, pero en el fondo es una relación viva con lo que hacemos: cuando algo nos importa de verdad, encontramos energía para sostenerlo.
Daniel Goleman explica cómo la emoción adecuada potencia el rendimiento; el entusiasmo es una de esas fuerzas que ordena la atención y la disciplina. Wayne Dyer, por su parte, nos recuerda que la motivación nace de asumir responsabilidad por nuestro estado interno más que de esperar condiciones perfectas. Y cuando esa energía interna encuentra una forma concreta en el día a día, deja de ser un deseo y se vuelve práctica sostenida.
También ayuda mirarlo desde los acuerdos de Don Miguel Ruiz: si no nos tomamos las cosas de forma personal y evitamos suposiciones, el entusiasmo no se desgasta en fricciones innecesarias; entonces “hacer lo máximo posible” deja de ser presión y se vuelve naturalidad. En presencia —como propone Eckhart Tolle— el entusiasmo no se fuga hacia el pasado o el futuro: se encarna en el siguiente paso, y ese paso, aunque pequeño, nos desarrolla.
Reflexión en preguntas
— ¿Qué actividades nos elevan la energía y cuáles nos la drenan con facilidad?
— ¿Dónde sentimos curiosidad auténtica y cómo podríamos vincularla a un proyecto concreto?
— ¿Qué pequeño hábito semanal sostendría nuestro entusiasmo sin forzarlo?
Desde lo aprendido
• Declarar en una frase el propósito de la tarea antes de comenzar suele encender la motivación.
• Micro-metas de 20–40 minutos con pausas conscientes ayudan a sostener el foco y el ánimo.
• Un registro breve “energizantes vs. drenantes” al cierre del día orienta en qué vale la pena invertir energía.
• Cuidar sueño y movimiento robustece el terreno emocional donde el entusiasmo se apoya.
• Recordar “no tomarnos nada personal” y “hacer lo máximo posible” reduce desgaste y deja espacio al entusiasmo.
Lecturas recomendadas
• Tus Zonas Erróneas — Wayne Dyer
• Los Cuatro Acuerdos — Don Miguel Ruiz
• La Inteligencia Emocional — Daniel Goleman
• El Poder del Ahora — Eckhart Tolle
Conclusión
El entusiasmo no es un adorno del carácter, es el motor silencioso del progreso. Cuando lo cultivamos desde dentro y lo encauzamos en acciones sencillas y constantes, el desarrollo llega como consecuencia natural.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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