Soltar no es perder sino elegir
Publicado el 17 diciembre, 2025 por
Antonio David Martínez Vessi
A veces confundimos “soltar” con “quedar mal”, como si cerrar un ciclo fuera sinónimo de derrota. Pero soltar no es rendirse: es tomar una decisión cuando seguir ya solo cuesta paz, claridad o dignidad. Hay relaciones que se vuelven costumbre, acuerdos que se vuelven carga, y también clientes o proyectos que, por más que intentemos, dejan de ser un intercambio justo y se vuelven un desgaste silencioso.
Soltar es más fácil cuando sabemos que dimos lo mejor. No porque nos vuelva “buenos” en una historia, sino porque nos deja sin cuentas pendientes con nosotros mismos. Wayne Dyer hablaba de ese punto donde elegimos dejar de mendigar aprobación: cuando ya actuamos desde nuestros valores, la necesidad de retener se debilita. Si hicimos nuestra parte con honestidad, el apego pierde argumentos y la culpa ya no tiene tanta gasolina.
Don Miguel Ruiz lo pondría en términos de acuerdos: a veces nos quedamos por un contrato invisible—“si me voy, soy egoísta”, “si digo que no, decepciono”, “si cierro la puerta, pierdo”. Pero hay momentos donde el acuerdo más sano es cambiar la regla: elegirnos sin atacar a nadie. Y eso incluye soltar una relación que se volvió desgaste, o soltar un cliente que pide más de lo que respeta, o soltar un hábito que nos roba energía. No es castigo: es limpieza.
Eckhart Tolle diría que el sufrimiento aparece cuando nos aferramos a lo que ya está cambiando. Soltar es alinearnos con lo real: lo que fue, fue; lo que ya no crece, se agradece y se deja. Y cuando soltar nace de haber dado lo mejor, deja de sentirse como “perder” y empieza a sentirse como “liberar espacio”. Espacio para vínculos más claros, trabajo más sano, y una vida donde no vivimos apretando los puños todo el día.
Reflexión en preguntas
- ¿Qué estoy sosteniendo por amor… y qué estoy sosteniendo por miedo?
- ¿Qué parte de mí se calma si acepto que ya di lo mejor?
- Si soltar fuera elegir, ¿qué estaría eligiendo hoy: paz, tiempo, respeto, enfoque?
Desde lo aprendido
- Podríamos revisar si “seguir” aún tiene sentido o solo tiene inercia.
- Tal vez soltar no sea cortar de golpe, sino dejar de negociar nuestra calma.
- Podemos agradecer lo vivido sin convertirlo en cadena.
- Nos conviene notar la diferencia entre compromiso y autoabandono.
- Si dimos lo mejor, soltar no deja vacío: deja orden.
Lecturas recomendadas
- Don Miguel Ruiz — Los cuatro acuerdos
- Wayne Dyer — Tus zonas erróneas
- Eckhart Tolle — El poder del ahora
- Viktor Frankl — El hombre en busca de sentido
Conclusión
“Soltar no es perder sino elegir” es recordar que no todo lo que termina es fracaso. A veces termina porque cumplió su función, porque cambió la vida, o porque ya no era justo para nadie. Cuando damos lo mejor, soltar se vuelve una elección limpia: no para huir, sino para seguir caminando con menos ruido por dentro.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
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