También se gana cuando uno dice hasta aquí
Publicado el 12 enero, 2026 por
Antonio David Martínez Vessi
Nos enseñaron a ver la palabra “rendirse” como fracaso y la palabra “aguantar” como virtud absoluta. Por eso a veces seguimos en lugares, relaciones o compromisos que ya no nos hacen bien, solo para no sentir que perdimos. Pero con el tiempo descubrimos algo incómodo y liberador a la vez: también se gana cuando uno dice “hasta aquí”. Viktor Frankl diría que la dignidad interior no se negocia; cuando un camino nos exige renunciar a ella, ese camino ya salió demasiado caro. Poner un límite, aunque duela, puede ser la forma más silenciosa de decirnos a nosotros mismos: “mi vida vale más que esta dinámica que me está apagando”.
Wayne Dyer hablaba de las “zonas erróneas” como esos patrones donde nos quedamos por costumbre, aunque estén llenos de culpa, manipulación o desgaste. En muchas familias y trabajos se aplaude a quien soporta todo sin chistar, pero casi nadie ve por dentro el cansancio emocional que eso deja. Decir “hasta aquí” no siempre significa irse; a veces significa dejar de justificar abusos disfrazados de bromas, dejar de aceptar faltas de respeto en nombre de la paz, dejar de cargarnos responsabilidades que no nos corresponden. Daniel Goleman, desde la inteligencia emocional, recordaría que aprender a poner límites claros no es egoísmo: es cuidado propio y también claridad para el otro.
Don Miguel Ruiz, en Los cuatro acuerdos, propone ser impecables con la palabra. Decir “hasta aquí” también es parte de esa impecabilidad: no prometer lo que ya no podemos sostener, no seguir diciendo “sí” cuando el cuerpo y el corazón llevan tiempo respondiendo “no”. Sostenemos acuerdos internos como “tengo que estar siempre disponible”, “si digo que no me van a dejar de querer”, “un buen hijo / pareja / jefe aguanta todo”. El tiempo va mostrando que esos acuerdos nos rompen por dentro. Cuando nos atrevemos a revisar esas creencias, descubimos que hay otra forma de estar: con más honestidad, menos culpa y menos teatro.
“También se gana cuando uno dice hasta aquí” no invita a romper con todo a la primera incomodidad, ni a usar los límites como arma para controlar a otros. Habla de otra cosa: de reconocer cuándo una situación ya dejó de ser aprendizaje y se volvió desgaste crónico; cuándo seguir ahí solo alimenta resentimiento. A veces la verdadera victoria no está en permanecer a cualquier precio, sino en detenernos a tiempo. Ganamos paz, coherencia, respeto por nosotros mismos y la posibilidad de construir relaciones y proyectos donde el cariño y el compromiso no dependan de borrarnos, sino de estar presentes de una forma más sana.
Reflexión en preguntas
• ¿En qué área de tu vida sientes que, en el fondo, ya estabas diciendo “hasta aquí”, pero todavía no te has dado permiso de escucharlo?
• ¿Qué creencia te detiene a la hora de poner límites: miedo a decepcionar, a generar conflicto, a quedarte solo, a que te juzguen?
• Si pensaras en un solo límite pequeño y concreto que podrías marcar esta semana, ¿cómo se vería en la práctica?
Desde lo aprendido
• No todo lo que termina es un fracaso; a veces es un acto de respeto hacia uno mismo.
• Seguir en una situación solo por miedo a “perder” puede costarnos más que soltar a tiempo.
• Poner límites claros no es falta de amor; es justamente lo que permite que el cariño no se convierta en resentimiento.
• Revisar las creencias que nos obligan a aguantarlo todo nos abre la puerta a formas más sanas de relacionarnos.
• Decir “hasta aquí” también es una forma de abrir espacio a algo nuevo que sí esté alineado con lo que somos hoy.
Lecturas recomendadas
• Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido
• Wayne Dyer – Tus zonas erróneas
• Don Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos
• Daniel Goleman – Inteligencia emocional
Conclusión
“También se gana cuando uno dice hasta aquí” nos recuerda que no solo se mide la vida por lo que empezamos y sostenemos, sino también por lo que elegimos dejar de tolerar. Cada vez que marcamos un límite desde la calma y no desde el enojo, estamos diciendo: “quiero seguir, pero no de cualquier manera” o “prefiero soltar esto antes que soltarme a mí”. Tal vez no podamos cambiar de golpe todas las situaciones que nos pesan, pero sí podemos empezar a reconocer dónde ya no queremos seguir negando lo evidente. En ese punto, lejos de perder, comenzamos a recuperar terreno dentro de nosotros mismos.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
Ver todos los artículos de AD Mettā →
Juan Ricardo Ramirez Reyna
12 enero, 2026 a las 10:13 pm
Muy buenas palabras y reflexiones muchas veces he estado a punto de poder decir hasta aquí pero no e podido pero desde hoy ay que poner límites y no dejar de aprovechar las oportunidades que se nos dan pero claro que con más calma y razonar qué uno quiere seguir aquí y cambiar de forma de pensar y ser y si no se da como dice hasta aquí llegue gracias por las palabras que escribió me llegaron y dios lo bendiga y siga dándole la sabiduría para seguir escribiendo y que otros nos encontremos con algo para ser mejores personas
Antonio David Martínez Vessi
12 enero, 2026 a las 10:57 pm
Muchas gracias por tus palabras y por compartir lo que estás viviendo.
Poner límites no suele lograrse de un día para otro, pero el simple hecho de reconocerlo ya es un gran paso.
Que lo que lees aquí te acompañe para cuidar tu paz y tomar decisiones más fieles a lo que quieres para ti.