antonio david martinez vessi

Cultiva el silencio, no los lamentos

Publicado el 19 agosto, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Cuando algo no sucede como esperábamos, es fácil llenar el espacio con lamentos. Pensamos una y otra vez en lo que salió mal, hablamos de lo que alguien debió hacer diferente o imaginamos cómo serían las cosas si hubiéramos tomado otra decisión. Expresar lo que sentimos puede ser necesario, pero repetir indefinidamente aquello que nos duele no siempre nos ayuda a comprenderlo.

El silencio puede ofrecernos algo distinto. No se trata de callar nuestras emociones ni de fingir que nada ocurre. Se trata de crear un espacio donde podamos observar lo sucedido antes de reaccionar. Cuando disminuye el ruido de nuestras propias quejas, comenzamos a distinguir con mayor claridad qué podemos cambiar, qué debemos aprender y qué simplemente necesitamos aceptar.

Lamentarnos también puede producir una sensación engañosa de movimiento. Hablamos mucho del problema, lo analizamos desde diferentes ángulos y volvemos continuamente sobre él, pero seguimos exactamente en el mismo lugar. Pensar y actuar sobre una dificultad es diferente a permanecer conversando con ella.

Cultivar el silencio significa aprender a no responder inmediatamente a cada pensamiento, provocación o circunstancia. Algunas respuestas aparecen cuando dejamos de perseguirlas. Otras situaciones pierden importancia cuando dejamos de alimentarlas constantemente con nuestra atención. Y ciertos dolores necesitan primero un momento de quietud antes de poder convertirse en aprendizaje.

Esto tampoco significa que debamos enfrentar solos aquello que nos supera. Hablar, pedir ayuda y expresar nuestro dolor puede ser profundamente necesario. La diferencia está entre comunicar para comprender y lamentarnos únicamente para repetir el sufrimiento. Una conversación puede abrir caminos; un lamento permanente puede mantenernos recorriendo el mismo círculo.

Reflexión en preguntas

  • ¿Estoy hablando de mi problema para encontrar claridad o solamente para repetirlo?
  • ¿Qué descubriría si dejara de reaccionar inmediatamente y permaneciera un momento en silencio?
  • ¿Hay algo que continúo lamentando aunque ya no puedo modificarlo?
  • ¿Qué acción podría sustituir hoy uno de mis lamentos?

Desde lo aprendido

  • El silencio no significa reprimir lo que sentimos.
  • Expresar una emoción es diferente a alimentarla indefinidamente.
  • No todos nuestros pensamientos necesitan una respuesta inmediata.
  • La quietud puede ayudarnos a distinguir entre aquello que podemos cambiar y aquello que necesitamos aceptar.
  • Cuando el lamento termina, puede comenzar la acción.

Conclusión

Cultiva el silencio, no los lamentos. Habla cuando necesites comprender, expresar, pedir ayuda o encontrar una solución. Pero aprende también a reconocer cuándo las palabras dejaron de ayudarte y solamente están repitiendo aquello que duele. A veces la respuesta no necesita más ruido. Necesita suficiente silencio para poder escucharla.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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