antonio david martinez vessi

El que quiere se hace un espacio

Publicado el 20 octubre, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Todos tenemos días ocupados. Trabajo, familia, responsabilidades, problemas inesperados y pendientes pueden llenar nuestra agenda hasta hacernos sentir que no queda espacio para nada más. Por eso es fácil decir “no tengo tiempo”. Y algunas veces será completamente cierto: existen etapas en las que apenas conseguimos atender lo indispensable. Pero también hay ocasiones en las que el problema no es solamente cuánto tiempo tenemos, sino qué lugar decidimos darle a cada cosa. Cuando algo realmente nos importa, comenzamos a buscar posibilidades donde antes solamente veíamos una agenda llena.

Hacerse un espacio no significa disponer siempre de horas libres. Puede ser levantarnos un poco antes, reorganizar una tarde, aprovechar veinte minutos, mover un compromiso o simplemente dejar para después algo menos importante. Lo hacemos constantemente sin darnos cuenta. Encontramos tiempo para una llamada que queremos recibir, para ver a alguien que nos importa, para comenzar un proyecto que nos entusiasma o para atender aquello que sabemos que no podemos seguir posponiendo. El interés no hace que el día tenga más de veinticuatro horas, pero sí modifica nuestras prioridades dentro de ellas.

Esto también se nota en las relaciones humanas. Todos podemos estar ocupados, pero cuando alguien nos importa buscamos alguna manera de mantenernos presentes. No necesariamente significa hablar todos los días, responder inmediatamente o abandonar nuestras responsabilidades para demostrar afecto. Cada persona tiene circunstancias diferentes y sería injusto medir el cariño únicamente por la cantidad de tiempo disponible. Sin embargo, existe una diferencia entre quien realmente no puede estar en determinado momento y quien permanentemente nos deja para cuando no tenga absolutamente nada mejor que hacer. El interés verdadero quizá no siempre tenga mucho tiempo, pero normalmente encuentra alguna forma de hacerse presente.

La misma idea puede aplicarse a nuestros sueños y objetivos. Decimos que queremos aprender, hacer ejercicio, comenzar un negocio, leer, visitar a nuestros padres, convivir con nuestros hijos o desarrollar aquella idea que llevamos años imaginando. Sin embargo, si todo permanece eternamente detrás de nuestras demás actividades, quizá debamos preguntarnos qué lugar ocupa realmente entre nuestras prioridades. Querer algo no significa conseguirlo automáticamente, pero suele producir movimiento. Buscamos alternativas, hacemos ajustes y empezamos aunque sea con poco. Muchas veces no necesitamos encontrar un enorme espacio disponible; necesitamos construir uno pequeño y protegerlo.

Reflexión en preguntas

¿Qué cosas dices que son importantes para ti pero llevan meses esperando un espacio en tu agenda? ¿Realmente no existe tiempo para ellas o siempre aparece algo a lo que decides darle prioridad primero? No se trata de sentir culpa ni de abandonar responsabilidades, sino de observar con sinceridad si nuestras acciones coinciden con aquello que decimos valorar.

Y cuando piensas en las personas que forman parte de tu vida, ¿les estás ofreciendo algún espacio real o solamente aquello que sobra después de todo lo demás? También podemos mirar la situación desde el otro lado: ¿estás esperando constantemente un lugar en la vida de alguien que nunca parece encontrarlo? El interés no debe medirse con cronómetro, pero la constancia suele decir mucho.

Desde lo aprendido

Con los años uno comprende que casi nunca tendremos una agenda completamente libre esperando a que decidamos comenzar aquello que queremos. Siempre habrá trabajo, pendientes y nuevas obligaciones. Muchas de las cosas importantes de nuestra vida tuvieron que hacerse un lugar entre todo lo demás. Algunas necesitaron horas; otras solamente unos minutos constantes. También aprendemos a no exigir disponibilidad absoluta a quienes queremos, porque cada persona enfrenta su propia realidad. Pero cuando existe verdadero interés, generalmente aparecen señales: una llamada, una visita, un pequeño avance, una fecha apartada o simplemente el esfuerzo por no dejar siempre lo importante para después.

Conclusión

No esperes necesariamente a que aparezca el momento perfecto, porque quizá nunca llegue. Si una persona, un proyecto, un sueño o una parte de tu propia vida realmente te importa, comienza por darle un lugar posible dentro de la realidad que tienes hoy. Tal vez sea pequeño, quizá tengas que reorganizar algunas cosas y habrá etapas en las que puedas dedicarle más o menos tiempo. Lo importante es que aquello que dices querer también pueda encontrarse en tus acciones. Porque el interés no crea más horas en el día, pero sí nos ayuda a decidir qué hacemos con ellas. El que quiere se hace un espacio.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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