Hay cansancios que no se curan durmiendo, sino tomando decisiones

Publicado el 23 octubre, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Hay días en los que el cuerpo pide descanso. Dormimos, disminuimos el ritmo y después recuperamos fuerzas. Pero existe otro tipo de cansancio que puede acompañarnos incluso después de haber dormido toda la noche. Es el agotamiento de pensar constantemente en el mismo problema, de sostener una situación que ya no queremos, de postergar una conversación necesaria o de despertar sabiendo que hay algo en nuestra vida que necesita cambiar. Podemos acostarnos temprano, tomar vacaciones o intentar distraernos, pero si al regresar encontramos exactamente aquello que nos estaba desgastando, tarde o temprano el cansancio vuelve.

Muchas veces no es la cantidad de cosas que hacemos lo que termina agotándonos, sino aquello que llevamos demasiado tiempo cargando sin resolver. Una relación que solamente produce incertidumbre, un trabajo que sabemos que necesitamos replantear, una deuda que evitamos mirar, un límite que nunca ponemos, una conversación que seguimos aplazando o una decisión que conocemos desde hace tiempo pero no queremos enfrentar. La mente continúa trabajando incluso cuando aparentemente estamos descansando. Repasa posibilidades, imagina consecuencias y vuelve una y otra vez al mismo punto. No necesariamente necesitamos hacer más; algunas veces necesitamos decidir.

Tomar una decisión tampoco significa actuar impulsivamente. Hay decisiones importantes que necesitan información, paciencia, consejo y tiempo. Incluso decidir esperar conscientemente puede ser diferente a permanecer paralizados por miedo. Lo agotador suele ser vivir indefinidamente entre dos caminos: querer irnos pero permanecer, querer comenzar pero seguir posponiendo, saber que necesitamos decir algo pero continuar guardándolo. Cada día volvemos a discutir internamente aquello que nunca terminamos de resolver. Una decisión no siempre elimina inmediatamente el problema, pero puede terminar con esa batalla permanente dentro de nosotros y permitirnos comenzar a trabajar sobre una dirección concreta.

También debemos aceptar que algunas decisiones tienen un costo. Elegir puede significar renunciar a una posibilidad, incomodar a alguien, reconocer un error o abandonar algo en lo que invertimos mucho tiempo. Por eso postergamos. Esperamos que aparezca una solución que nos permita cambiar sin perder nada, pero no siempre existe. Hay momentos en los que descansar significa dejar de cargar aquello que ya sabemos que no podemos seguir sosteniendo de la misma manera. Tal vez después de decidir todavía quede mucho trabajo por hacer, pero al menos nuestra energía deja de gastarse únicamente en permanecer atrapados en el mismo lugar.

Reflexión en preguntas

¿Hay algo que te está cansando aunque físicamente hayas descansado? ¿Existe una conversación, un límite, un cambio o una decisión que aparece una y otra vez en tus pensamientos? Quizá convenga preguntarte si realmente necesitas más descanso o si una parte de tu agotamiento proviene de seguir posponiendo aquello que sabes que tendrás que enfrentar tarde o temprano.

Y si sabes qué decisión necesitas tomar, ¿qué es exactamente lo que te impide hacerlo? ¿Te falta información, necesitas tiempo o simplemente tienes miedo de las consecuencias? No todas las dudas se resuelven actuando inmediatamente, pero identificar qué nos mantiene inmóviles puede ser el primer paso para dejar de cargar todos los días con la misma incertidumbre.


Desde lo aprendido

Con los años uno comprende que descansar es necesario, pero descansar no resuelve aquello que necesita una decisión. Podemos recuperar fuerzas para continuar, pero también debemos preguntarnos si queremos seguir utilizando esas fuerzas para sostener exactamente lo mismo. Algunas veces la tranquilidad comienza cuando finalmente decimos “hasta aquí”, “vamos a intentarlo”, “necesito hablar”, “voy a cambiar esto” o simplemente “ya decidí”. Quizá todavía no sepamos cómo terminará el camino, pero dejar de discutir eternamente con nosotros mismos puede quitarnos un peso enorme.

Conclusión

Escucha a tu cuerpo cuando necesite dormir y respeta los momentos en los que realmente necesitas detenerte. Pero también aprende a escuchar esos cansancios que permanecen después del descanso. Tal vez no estén pidiendo otra noche de sueño, sino claridad, límites, cambios o una decisión pendiente. No todas las decisiones serán fáciles y algunas necesitarán tiempo, pero vivir permanentemente evitando elegir también tiene un costo. Hay cargas que no desaparecen cerrando los ojos durante ocho horas; desaparecen cuando finalmente tenemos el valor de enfrentarlas. Porque hay cansancios que no se curan durmiendo, sino tomando decisiones.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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