antonio david martinez vessi

La distancia te permite respirar, la venganza asfixia por no soltar

Publicado el 1 septiembre, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Hay personas y situaciones de las que, por nuestro propio bienestar, necesitamos alejarnos.

No siempre porque exista odio. No necesariamente porque queramos castigar a alguien. A veces simplemente llega un momento en el que comprendemos que permanecer demasiado cerca de aquello que nos lastima termina quitándonos la tranquilidad.

Tomar distancia puede ser una forma de recuperar el aire.

Cuando estamos heridos solemos creer que alejarnos significa perder, permitir que el otro gane o dejar una injusticia sin respuesta. Por eso algunas personas permanecen emocionalmente atadas a quien les hizo daño, esperando el momento de reclamar, demostrar, cobrar o devolver aquello que recibieron.

Pero hay algo extraño en la venganza: parece una manera de liberarnos cuando, en realidad, puede mantenernos encadenados.

Para vengarte necesitas recordar.

Necesitas alimentar el enojo.

Necesitas seguir mirando hacia la persona de la que precisamente necesitabas alejarte.

Y mientras esperas que el otro pague por lo ocurrido, una parte de tu vida continúa girando alrededor de él.

Eso también es una forma de permanecer cerca.

La distancia, en cambio, puede comenzar de manera muy sencilla: dejar de discutir, dejar de explicar lo inexplicable, dejar de buscar respuestas donde nunca las hubo y permitir que cada persona continúe con las consecuencias de sus propias decisiones.

No todo merece una batalla.

Hay ocasiones en las que nuestra mayor victoria consiste simplemente en recuperar la paz que perdimos intentando que alguien entendiera nuestro dolor.

Esto tampoco significa justificar lo que estuvo mal.

Soltar no convierte una mentira en verdad, una traición en algo correcto ni una injusticia en algo aceptable. Podemos reconocer perfectamente el daño y, al mismo tiempo, decidir que no vamos a dedicar el resto de nuestra energía a cobrarlo.

Porque existe una diferencia enorme entre recordar lo aprendido y continuar viviendo desde la herida.

La experiencia debería servirnos para reconocer límites, elegir mejor y proteger aquello que valoramos. No para convertirnos en prisioneros permanentes del resentimiento.

Quizá por eso algunas veces sanar comienza cuando dejamos de preguntarnos qué merece quien nos lastimó y empezamos a preguntarnos qué merecemos nosotros después de haberlo vivido.

Reflexión en preguntas

¿La distancia que has tomado de alguien te está dando paz o sigues llevando contigo la discusión?

¿Quieres justicia o, en el fondo, deseas que la otra persona sienta exactamente lo que tú sentiste?

¿Cuánta energía sigues entregando a una situación que aparentemente ya terminó?

¿Podrías conservar la enseñanza sin conservar también el resentimiento?

Desde lo aprendido

Con los años uno descubre que alejarse no siempre es cobardía.

A veces es sabiduría.

Hay puertas que no necesitan cerrarse con un golpe. Basta con dejar de atravesarlas.

También aprendemos que no necesitamos reconciliarnos con todas las personas para reconciliarnos con nuestra propia historia. Podemos poner distancia, establecer límites e incluso decidir que alguien ya no tendrá un lugar en nuestra vida.

Lo importante es procurar que tampoco siga ocupando nuestra mente todos los días.

No necesitas vengarte para demostrar que aquello que hicieron estuvo mal.

Tu paz no necesita la derrota de nadie para convertirse en victoria.

Conclusión

Tomar distancia puede doler al principio, pero también puede devolvernos perspectiva, silencio y tranquilidad.

La venganza hace exactamente lo contrario: nos obliga a permanecer mirando hacia aquello que deseábamos dejar atrás.

Aléjate cuando sea necesario.

Aprende lo que tengas que aprender.

Pon los límites que debas poner.

Y después continúa.

Porque hay cosas que no necesitan una última palabra. Necesitan espacio.

“La distancia te permite respirar, la venganza asfixia por no soltar.”

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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