antonio david martinez vessi

Las excusas son cómodas porque siempre suenan razonables

Publicado el 23 agosto, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Las excusas tienen una característica peligrosa: casi nunca parecen excusas cuando las estamos utilizando. Suelen llegar acompañadas de una explicación lógica, de una razón comprensible y, muchas veces, hasta de argumentos que podrían convencer a cualquiera.

“No tuve tiempo”, “ahorita no es el momento”, “cuando tenga más experiencia”, “cuando las cosas estén más tranquilas”, “cuando tenga dinero”, “cuando me sienta preparado”. Algunas de esas razones pueden ser verdaderas. El problema comienza cuando las utilizamos repetidamente para evitar hacer aquello que sabemos que tarde o temprano tendremos que enfrentar.

Porque una excusa no necesariamente es una mentira. A veces existe una dificultad real detrás de ella. Lo importante es descubrir si esa razón nos está ayudando a tomar una mejor decisión o simplemente nos está proporcionando una forma cómoda de permanecer exactamente donde estamos.

También conviene distinguir entre una excusa y una justificación. Hay circunstancias que verdaderamente nos impiden hacer algo: una responsabilidad importante, una limitación real, una prioridad que no podemos ignorar. Reconocerlas no significa ser conformistas. Pero cuando cada obstáculo se convierte automáticamente en motivo para detenernos, vale la pena preguntarnos si el problema sigue estando afuera o ya comenzó a instalarse dentro de nosotros.

Las excusas son cómodas porque reducen momentáneamente la incomodidad de actuar. Nos permiten posponer una conversación difícil, evitar un cambio, aplazar una decisión o no exponernos al riesgo de equivocarnos. Por un momento sentimos alivio. Pero aquello que evitamos generalmente continúa esperando.

Con el tiempo, incluso podemos volvernos expertos en explicar por qué no hacemos algo. Y mientras mejor suena nuestra explicación, más difícil puede resultar reconocer que quizá lo que realmente existe es miedo, inseguridad, comodidad o falta de decisión.



  • ¿Qué explicación estoy repitiendo desde hace demasiado tiempo?
  • ¿Existe realmente un impedimento o solamente estoy evitando una incomodidad?
  • ¿Mi razón me ayuda a avanzar o me permite permanecer igual?
  • ¿Qué haría si dejara de esperar las condiciones perfectas?
  • ¿Hay algo pequeño que sí puedo hacer hoy, aun con mis limitaciones actuales?

Desde lo aprendido

  • Una excusa puede contener una razón verdadera y seguir siendo una excusa.
  • No toda dificultad es una excusa; algunas limitaciones son reales.
  • La diferencia está en lo que hacemos después de reconocer el problema.
  • Las explicaciones cómodas pueden retrasar decisiones necesarias.
  • Esperar condiciones perfectas también puede convertirse en una forma de no comenzar.
  • Siempre conviene preguntarnos qué parte de la situación sí depende de nosotros.

Conclusión

Las excusas son cómodas porque siempre suenan razonables. Y precisamente por eso pueden acompañarnos durante mucho tiempo sin que las cuestionemos. No se trata de negar nuestras dificultades ni de exigirnos aquello que realmente no podemos hacer. Se trata de aprender a distinguir entre una limitación verdadera y una explicación que utilizamos para no movernos.

Escucha tus razones, respétalas y analízalas. Pero después hazte una pregunta sencilla: ¿esto realmente me impide avanzar o solamente me está haciendo más cómodo quedarme donde estoy?

A veces, cuando dejamos de defender nuestras excusas, descubrimos que todavía teníamos más posibilidades de las que pensábamos.

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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