Las flores sean para los vivos
Publicado el 26 octubre, 2026 por
Antonio David Martínez Vessi
Hay palabras que pronunciamos demasiado tarde. A veces esperamos una ocasión especial para decir “te quiero”, “gracias”, “estoy orgulloso de ti” o simplemente “qué bueno que estás en mi vida”. Sentimos esas cosas, pero suponemos que la otra persona ya las sabe. Dejamos pasar los días pensando que habrá otra oportunidad, otra comida, otra llamada o cualquier otro momento para demostrarlo. Sin embargo, la vida tiene una manera muy particular de recordarnos que el tiempo no siempre pregunta si todavía tenemos algo pendiente por decir.
Por eso decir que las flores sean para los vivos va mucho más allá de entregar un ramo. Las flores representan el reconocimiento, el cariño, la gratitud y todos aquellos pequeños homenajes que muchas veces reservamos para cuando alguien ya no puede recibirlos. Resulta extraño que después de una partida encontremos tantas palabras hermosas para describir a una persona y, sin embargo, durante años quizá nunca se las dijimos directamente. Si admiramos algo de alguien, ¿por qué esperar para hacérselo saber? Si estamos agradecidos, ¿por qué guardar el agradecimiento para después?
Dar flores en vida también puede significar hacer una llamada sin necesitar nada, visitar a nuestros padres, reconocer el trabajo de alguien, felicitar sinceramente a un amigo por sus logros, abrazar a nuestros hijos, agradecer a quien nos ayudó cuando lo necesitábamos o dedicar unos minutos a escuchar a una persona importante. No todo reconocimiento necesita dinero, ceremonias ni grandes discursos. Algunas de las cosas que más recordamos son pequeños gestos que llegaron precisamente cuando necesitábamos sentir que alguien nos veía, nos valoraba o simplemente se acordaba de nosotros.
También deberíamos aprender a reconocer a las personas mientras todavía forman parte de nuestra vida cotidiana. La costumbre puede volver invisible aquello que tenemos cerca. Nos acostumbramos a una llamada, a una comida preparada, a alguien que pregunta cómo estamos o a esa persona que aparece cuando tenemos un problema. Como sucede todos los días, dejamos de considerarlo extraordinario. Muchas veces solamente comprendemos cuánto significaban esas pequeñas presencias cuando dejan de existir. Quizá podamos aprender a valorarlas antes de necesitar extrañarlas.
Reflexión en preguntas
¿Hay alguien a quien admiras y nunca se lo has dicho claramente? ¿Existe una persona a la que llevas tiempo pensando llamar, visitar o agradecer? No necesitamos esperar un cumpleaños, un aniversario o una fecha especial. Algunas palabras adquieren precisamente su mayor valor cuando llegan en un día cualquiera y sin ninguna obligación detrás.
Y también pregúntate si las personas que quieres saben realmente que las quieres. No lo que supones que deberían saber por tus acciones o por los años que llevan contigo, sino aquello que alguna vez has tenido la tranquilidad de expresarles directamente. A veces creemos que algo es evidente para nosotros y olvidamos que los demás también necesitan escucharlo.
Desde lo aprendido
Con los años uno comprende que hay despedidas que dejan pendientes imposibles de resolver. Palabras que ya no podemos decir, abrazos que postergamos y agradecimientos que solamente podemos conservar dentro de nosotros. No necesitamos vivir pensando constantemente en la pérdida, pero sí podemos utilizar esa realidad para aprender algo: mientras las personas estén aquí todavía tenemos la oportunidad de hacer las cosas diferentes. Podemos hablar, visitar, agradecer, perdonar, reconocer y demostrar cariño ahora.
Conclusión
Los homenajes son hermosos y recordar con cariño a quienes ya partieron también es una manera de mantener presente aquello que dejaron en nosotros. Pero procuremos que nuestros mejores reconocimientos no lleguen solamente después. Si alguien merece flores, quizá pueda recibirlas hoy. Si merece unas palabras, todavía podemos pronunciarlas. Si merece nuestro agradecimiento, no necesitamos esperar una ocasión especial.
Que las personas que queremos puedan escuchar cuánto significan para nosotros, ver nuestro agradecimiento y disfrutar nuestro cariño mientras todavía podemos compartirlo.
Porque las flores más valiosas no son necesariamente las que acompañan una despedida.
Son aquellas que alcanzamos a entregar a tiempo.
Las flores sean para los vivos.
AD Mettā
Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.
Ver todos los artículos de AD Mettā →