Todo queda lejos cuando no se quiere ir

Publicado el 1 octubre, 2026 por

Antonio David Martínez Vessi

Hay distancias que se miden en kilómetros y otras que se miden en ganas. Podemos recorrer media ciudad para encontrarnos con alguien que queremos y, sin embargo, sentir demasiado lejos una visita que está a unas cuantas calles cuando en realidad no deseamos hacerla. Podemos levantarnos temprano para aquello que nos entusiasma y encontrar mil razones para posponer algo que no queremos enfrentar. Por eso, muchas veces el problema no está en qué tan lejos se encuentra el destino, sino en cuánto deseamos llegar hasta él.

Esto ocurre también con nuestros proyectos, relaciones y decisiones. Cuando algo verdaderamente nos importa, buscamos tiempo donde parecía no haberlo, preguntamos cómo hacerlo, reorganizamos nuestras prioridades e incluso aceptamos ciertas incomodidades. En cambio, cuando hemos perdido el interés, cualquier dificultad puede convertirse en una razón suficiente para detenernos. El horario no ayuda, estamos cansados, mañana será mejor, todavía no estamos preparados. Algunas razones serán completamente válidas, pero otras quizá solamente sean una manera más amable de reconocer algo que nos cuesta aceptar: simplemente ya no queremos ir.

Eso no significa que todo pueda conseguirse solamente con voluntad. Existen obstáculos reales, responsabilidades, problemas económicos, condiciones personales y circunstancias que no desaparecen por mucho que deseemos algo. Sería injusto pensar que quien no llega es porque no quiso suficientemente. Pero también es cierto que nosotros mismos sabemos cuándo existe una imposibilidad verdadera y cuándo estamos utilizando la distancia como pretexto. A veces no necesitamos encontrar un camino más corto; necesitamos ser sinceros sobre si todavía queremos recorrerlo.

Y reconocer que ya no queremos algo tampoco tiene que ser necesariamente una derrota. Quizá una meta dejó de representar quiénes somos, una relación cumplió su ciclo o un camino que antes nos entusiasmaba ya no tiene sentido. Obligarnos a seguir únicamente porque alguna vez dijimos que llegaríamos también puede alejarnos de nosotros mismos. Lo importante es distinguir entre abandonar porque el camino se volvió difícil y cambiar de dirección porque nuestro destino realmente cambió.

Reflexión en preguntas

¿Qué cosas de tu vida has comenzado a sentir demasiado lejos últimamente? ¿Realmente existe una distancia que te impide llegar o simplemente han disminuido tus ganas de hacerlo? Tal vez llevas tiempo diciendo que no tienes tiempo, que no es el momento o que las circunstancias no ayudan. Algunas de esas razones pueden ser ciertas, pero vale la pena preguntarte con sinceridad qué harías diferente si aquello todavía te importara profundamente.

También podemos mirar la pregunta desde el otro lado: ¿por qué cosas sí estás dispuesto a recorrer una distancia, hacer un esfuerzo o modificar tus planes? Ahí suelen aparecer nuestras prioridades verdaderas. No siempre somos aquello que decimos querer; muchas veces somos aquello hacia lo que seguimos caminando incluso cuando llegar requiere un poco más de nosotros.

Desde lo aprendido

Con los años uno aprende que las ganas no eliminan todos los obstáculos, pero sí revelan mucho sobre nuestras decisiones. Cuando queremos llegar buscamos caminos; cuando ya no queremos, comenzamos a encontrar distancias. Por eso conviene dejar de engañarnos de vez en cuando y reconocer qué cosas todavía merecen nuestro esfuerzo y cuáles mantenemos solamente por costumbre, compromiso o miedo a cambiar de dirección. No todos los caminos deben terminarse, pero aquellos que verdaderamente importan necesitan algo más que buenas intenciones: necesitan que sigamos caminando.

Conclusión

Tal vez aquello que hoy parece demasiado lejos realmente lo esté y necesites tiempo, recursos o mejores circunstancias para alcanzarlo. Pero quizá la distancia no esté afuera. Quizá esté entre lo que dices querer y lo que verdaderamente estás dispuesto a hacer para conseguirlo. De vez en cuando conviene mirar nuevamente el destino y preguntarnos con sinceridad: ¿está demasiado lejos… o simplemente ya no quiero ir?

AD Mettā

Fundador de CADA vez más luz, un apasionado escritor, deportista y un amante de “Viajar Ligero” en La vida.

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